29 de agosto de 2010

Pico Kriváň, las dos caras de una misma moneda

Fuente: wikipedia
La cena de ayer me ha echo polvo, no me ha dejado dormir, y hasta me ha echo saltar de la cama en busca del baño. Así he empezado el día. Y ahora subiendo al pico Kriváň. La parada parece desencadenar todo: un sudor frío corre mi cuerpo, un ligero mareo llega, amago de nausea... ¡ahora no! Dos grupos llegan hacia nosotros, acabamos de pasarlos a toda marcha, me temo que les espera un espectáculo dantesco... No aguanto más, el estómago, vacío, oprimido, parece como si alguien lo estuviera estrujando...!no! Miro hacía derecha e izquierda, pensando como gestionar el tema. Todo acaba. Alivio... La frente sudada, fría, todo ha pasado.
     -Ya verás cuando contemos esto a la vuelta -oigo por detrás.
     -El montañero... -se ironiza.
No debe ser el mejor día para visitar los Altos Tatras.

Los Altos Tatras, situados la mayor parte en Eslovaquia y el resto en Polonia, relieve severo salpicado de lagos de origen glacial; riscos rocosos que se elevan sobre un bosque subalpino de coníferas que deja aparecer claros que tornan a floridas praderas en verano; clima riguroso de alta montaña en invierno; los "Alpes en miniatura", así los llaman. Y el pico Kriváň (2.495 m), uno de sus símbolos, y de toda Eslovaquia. Tiene una ascensión cómoda, con 1.350 m de desnivel, partiendo de Tri Studničky (1.140m), entre Podbansque y Štrbské Pleso. Comienza la subida por un bosque, para a la salida remontar en una larga diagonal todo el barranco que baja desde su cima. Así, llegamos a la antecima, Malý Kriváň (2.335m), y andando por el espolón sur a la cima del Kriváň (2.495m), en unas 3 horas y algo de ascensión.

La segunda parada es algo más normal, ya de las habituales, y nos encontramos con un grupo de Húngaros.
     -Hola, español, no os importa si subo con vosotros el monte. Yo estudié en secundaria, pero no he tenido la oportunidad de practicar.
Y así compartimos la ascensión, de manera más amena, mientras Julianna practica sus dotes lingüisticas.
     -A este le llamamos el juerguista, si, no se pierde una -dice García-. Este, el montañero débil.
     -Si, montañero débil -dice Julianna, mientras sonríe.
Parece que uno no puede tener ni un signo de flaqueza. Entra en escena nuestro casero, cuando ayer nos recomendaba comprar un queso de untar para preparar un plato típico de la zona. Creo que no le cogimos la idea.
     -Conoces esas tostadas de queso con cebolla, pimiento y pimienta -le decimos.
     -Pero eso no es muy típico de aquí... -nos dice Julianna.
No, si la idea no la hemos cogido, y hemos creado una bomba de relojería, que ha ido en cuenta atrás hasta que hace un rato ha explotado. Se nos fue la mano con la pimienta, creo, y la ensalada de cebolla con pimiento y tomate no habrá ayudado. Entre conversación y conversación, el desnivel ha ido cayendo, y conforme hemos ido cogiendo altura la niebla se ha ido espesando.


Pico KriváňLa niebla nos acompañó durante buena parte de la subida, y no nos dió un momento de satisfacción para que pudiéramos ver el valle, bajo nuestros pies, cuando estábamos en la cima. Por lo visto no iba a ser nuestro día, no fue mi día, que en esos momentos aún notaba el vacío en el estómago. Pero la imaginación es libre. Un sorbo, lo saboreo mientras suena el traqueteo del teclado. No es la pinta con limón que me hubiera echado, pero, qué carajo, me debía una, al fin y al cabo no pude celebrarlo como se debía: el temple no estaba para muchos trotes. Cierro los ojos; veo la cruz, simbolo de Eslovaquia, la de su bandera, en el borde, indicando el punto más alto del pico Krivan, sobre un valle que se abre. Las paredes rocosas caen, y se pierden en el abismo. En el fondo, cuando la roca da su permiso, aparecen los bosque de coníferas, de color verdoso, pero intenso, fuerte, como el clima en el que han crecido. En frente, paredes de roca, surcadas por canales que descienden desde las cimas y se funden con la masa boscosa. Algunos lagos, alpinos, de azul intenso, recogen el agua. Hubiera sido así, lo imagino, más idílico, supongo. Sobre mi mano la moneda de bronce de 5 centimos de Euro, con su figura grabada sobre bronce, esa silueta elegante, por que no decirlo. «No fue del todo mal aquel día» -pienso-.


Post correspondiente a la serie "Eslovaquia, la ruta
#1 Bratislava, encontrando a la Belleza del Danubio
#2 Eslovaquia Central, las ciudades nacidas del oro y la plata
#3 Podbanské, desde las entrañas de los Altos Tatras
#4 Pico Kriváň, las dos caras de una misma moneda
#5 Slovenky Raj, chapoteamos entre los charcos
#6 Vuelta a Bratislava, hacia donde nos lleva el trazo incierto
#7 Tren Bratislava a Cracovia, una noche movida

25 de agosto de 2010

Podbanské, desde las entrañas de los Altos Tatras

Como el año pasado, uno de los compañeros de fatigas en este viaje, se lanza con unas líneas en este diario de abordo. No se hable más, ahí van, desde las entrañas de los Altos Tatras


BY JAVIER GARCIA
(García nos deleita, una vez mas, con sabias palabras)


Sábado 07-08-2010. 23:28 h.

«Por supuesto que no se trata de un sábado cualquiera, de lo contrario raro sería estar escribiendo tumbado en la cama y más raro aún sería haber cambiado la persiana por un trozo de tela.

Lo estabas a punto de adivinar, no estoy en Estella, ni en Ganuza. Hemos vuelto a coger el primer avión que volaba hacia el este y nos dio por bajarnos en Bratislava. Visita de dos días a la capital. Calle arriba... Caña. Calle abajo… Caña.

Es lo que tiene viajar con estos dos, y con el que vino el año pasado más de lo mismo. Que si no se le ocurre a uno lo de “echamos una caña, o que “, se le ocurre al otro. Y claro, como no es cuestión de ser el raro del grupo, yo también lo digo de vez en cuando. El resultado es siempre el mismo, aceptación de la propuesta. Se trata de un pacto no escrito, ni tan siquiera hablado, pero todos sabemos que una sola negación podría acarrear terribles consecuencias.

Una vez de haber cumplido con la capital, Bratislava,  vamos tirando poco a poco más hacia el este. Ya que tenemos un lema, pues mira, que no nos puedan decir que no lo llevamos a cabo.”Nosotros siempre pal este “.

Encontramos sitio para dormir en Banská Štiavnica, importante ciudad minera hasta el siglo XVII, que hoy en día no lo tiene nada difícil para atraer al turismo. Gran parte de la culpa la tienen sus dos castillos, las calles adoquinadas y los museos con colecciones de minerales y explicaciones sobre la explotación en siglos pasados de las minas. Si unido a todo esto, vemos que esta pequeña ciudad es considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, entendemos que no seremos los únicos turistas a los que se nos ha ocurrido hacerle una visita.

La residencia Alma Mater le deja en fuera de juego a Edu. El edificio con una vieja y poco iluminada fachada rodeada de pinos y el acceso con escaleras rotas entre las que intentan crecer pequeños matojos, le provocan una mueca de satisfacción. Pero al entrar y ver que los suelos no crujen y la habitación no envidia en nada a la de cualquier otro hostal, la pequeña sonrisa desaparece de su rostro. Otra vez será compañero, pero el dormir hoy aquí no es ninguna aventura.

Cuarto día, visita a Banská Štiavnica, parada en Banská Bystrica y rumbo a los Altos Tatras. Aquí viene lo mejor, o por lo menos eso creo intuir. De los dos lagos que hemos visto el de Propadske Pleso me ha parecido muy, muy chulo. El refugio de al lado del lago está completo para dormir y tan sólo diez minutos después de reafirmarnos que estas cosas no nos pasarían si pusiéramos más interés antes del viaje, hemos llegado a un paraje precioso.

No muchas casas, todas ellas de madera y con tejados de pizarra forman el término de Podbanské. Hemos tenido la suerte de poder alquilar la única casa que quedaba libre. El mero hecho de echar un vistazo hacia el cielo del oscuro poblado, rodeado de picos de 2.500 m. y tener la impresión de estar viendo todas las estrellas que existen me provocan un cúmulo de sensaciones difíciles de explicar. “Un acierto el haber venido aquí de vacaciones”, pienso al regresar a nuestra nueva casa.

Al llegar al pueblo un señor muy majo nos ha invitado a subir a una pequeña caseta de madera desde la que se ve el Kriváň, todo un símbolo de Eslovaquia. Mañana intentaremos conocer su cima. Espero que Edu os cuente la ascensión en futuras publicaciones.

Desde las lejanas montañas del este, mi más afectuoso abrazo para todos los seguidores del blog. »


Post correspondiente a la serie "Eslovaquia, la ruta
#1 Bratislava, encontrando a la Belleza del Danubio
#2 Eslovaquia Central, las ciudades nacidas del oro y la plata
#3 Podbanské, desde las entrañas de los Altos Tatras
#4 Pico Kriváň, las dos caras de una misma moneda
#5 Slovenky Raj, chapoteamos entre los charcos
#6 Vuelta a Bratislava, hacia donde nos lleva el trazo incierto
#7 Tren Bratislava a Cracovia, una noche movida

23 de agosto de 2010

Eslovaquia Central, las ciudades nacidas del oro y la plata

Como Eslovaquia no va a ser todo su capital (aviso para navegantes, si estás haciendo el interrail y caiste por Bratislava, coge uno de los muchos trenes que parten de la capital y pon rumbo al este), alquilamos un bólido, tomamos dirección Eslovaquia Central para conocer el país. Campos de cereal, cultivos de girasol y maíz se suceden frente a la ventanilla, estamos en la Eslovaquia más occidental, zona agrícola. Montones de paja aparecen aquí y allá, parece que aquí también han cosechado. Conforme nos movemos más al este los bosques van ganando terreno. Eslovaquia Central está cubierta de frondosos bosques. Nuestra vista se fija en montañas sobre el horizonte: los Tatras Occidentales, los más suaves Bajos Tatras, Malá Fatra y Veľká Fatra, y, ya más lejos, los Altos Tatras (más adelante nuestro destino); y en castillos que culminan pequeñas colinas y que salpican todo el país.

Castillo Bojnice
Castillo de Bojnice


De entre los numerosos castillos, se remarca el de Bojnice, que por ahí lo describen como de cuento de hadas. Será porque nos traslada a épocas románticas de caballeros, príncipes y princesas azules, con su silueta de torres, chapileles verdosos. Bueno, que poco se diferenciará del estereotipo de castillo de princesas de un cuento. En cuanto apareció su silueta sobre el horizonte, nos desviamos de nuestro camino hacia el este para parar y visitarlo. Pero no tuvimos suficiente y decidimos entrar a verlo por dentro, por lo visto, el último propietario del castillo, amante del arte, lo restauró y fue coleccionando obras, antiguedades, que almacenaba en los espacios del castillo. Primera habitación: que gracia esto de asistir a una visita guiada en eslovaco; segunda habitación: no importa, me concentro en lo que veo y, total, aquí en este panfleto lo pone todo en castellano; tercera habitación: por favor, que ....; cuarta habitación, me he aburrido de leer, y esta tía que no se calla, si total no me entero de nada, y ahora se ríe todo el mundo, será un chiste, ¿me río yo también? ... por favor, que se acabe esto ya (amantes de las antiguedades y del arte pueden obviar lo que acabo de escribir).

La tarde va dejándonos y empieza a llover, arrecia y lo que habían sido unas gotas se convierte en toda una tromba de agua que nos hace conducir por calles totalmente cubiertas de agua, a momentos parece que conducimos por un río. Creo que todo sea tan verde no es por casualidad. Así llegamos a una zona de tradición minera, al menos en el pasado. "Banská" significa minería, y a ella debe la zona su esplender de antaño. Durante la edad media aparecieron ciudades mineras reales que sustentaban el imperio de los monarcas húngaros. Épocas de esplendor para la zona, para estas ciudades: Banská Štiavnica, Banská Bystrica y otras, en las que el oro y la plata de las vetas de su suelo significaba riqueza y poder. Luego, el subsuelo empezó a no proveer en abundancia y ya en el siglo XVII las minas estaban agotadas.

Banská Štiavnica es una pequeña ciudad de unos 10.000 habitantes, enclavada entre montañas, pero que tiene un casco antiguo que no envidia ... de los que decimos con encanto ¿Cómo, en una ciudad tan pequeña? Por la zona debieron correr tiempos expléndidos. Sin duda, un buen lugar para hacer noche. Al día siguiente, en la plaza de la Trinidad nos espera un mercadillo con artesanía y gastronomía del lugar, parece que elegimos buena fecha para acercarnos por aquí. Cerca de la ciudad, a 1 o 2 km, existen unas minas que se pueden visitar, nosotros lo intentamos, pero llegamos antes de que abrieran.

Plaza Banská Bystrica
Plaza de Banská Bystrica


De nombre parecido, pero esta más grande, Banská Bystrica, también creció a la sombra de la minería. La plaza con edificios coloridos, amplia, e iglesia, como no podía faltar. Dando entrada a la plaza un obelisco con insignias rusas. Por la fecha, en torno a la segunda guerra mundial. Esta ciudad fue donde surgió el movimiento revolucionario eslovaco contra los nazis, abriendo los brazos hacia la URSS. Los partisanos del lugar tomaron las armas. Luego, los alemanes se tomaron la revancha y en respuesta mataron y torturaron a más de 900 hombres, mujeres y niños. En la ciudad existe un museo en honor a dicho movimiento (dicen que es uno de los mejores del país). Un edificio de hormigón, grueso, robusto, como son los edificios soviéticos. En el pasillo que separa en dos el edificio, una llama se mantiene en honor a los caidos, a sus pies se levanta una estatua.

Banská Bystrica
Llama honra a los caídos (Banská Bystrica)


Evocando una era gloriosa de poder y explendor, en la que el oro y la plata de la venas del subsuelo hacían crecer estas ciudades de las montañas, llega a su fin nuestro trayecto por la zona.


Post correspondiente a la serie "Eslovaquia, la ruta
#1 Bratislava, encontrando a la Belleza del Danubio
#2 Eslovaquia Central, las ciudades nacidas del oro y la plata
#3 Podbanské, desde las entrañas de los Altos Tatras
#4 Pico Kriváň, las dos caras de una misma moneda
#5 Slovenky Raj, chapoteamos entre los charcos
#6 Vuelta a Bratislava, hacia donde nos lleva el trazo incierto
#7 Tren Bratislava a Cracovia, una noche movida

19 de agosto de 2010

Bratislava, encontrando a la Belleza del Danubio

Qué me decís si os digo que Bratislava es la capital de Eslovaquia y que también lo fue de Hungría. Menudo lío, ¿no? Y si os digo que después de ser parte del Imperio Austro-Húngaro, Eslovaquia formó parte junto con República Checa de un estado común conocido como Checoslovaquia, pero que después de la Segunda Guerra mundial cayó bajo el control de la URSS. Y nada os cuento de esos años de guerra en que todo se complica aún más. Ya desde que nació del matrimonio de la Ruta del Ambar, que unía los mares del norte con el mediterráneo, con la ruta que corre a lo largo del Danubio, el transcurso de la historia ha labrado profundamente el lugar. Celtas, romanos, eslavos, hungarós, ... ¿quién no ha pasado por aquí? La llaman la Belleza del Danubio, pero a su alrededor otras ciudades le hacen sombra: Viena, Praga, Budapest. ¿Quizás la belleza este en el interior? Una ciudad de contrastes: puedes pasar de una periferia de edificios llenos de grafitis y carteles, con fachadas que se desmoronan, o de construcciones de gusto más que discutible, a un centro histórico expléndido. La Bratislava antigua, con su castillo, en lo alto, frente a la herencia de la época comunista de la ciudad, con uniformes bloques de edificios y toscas construcciones de hormigón, como el puente sobre el Danubio que se construyó en los 70s.

Plano Bratislava

Eran las 7 de la tarde y lo primero que queríamos hacer era dejar los petates en el hostal, había sido un día largo, de aeropuertos. La tarde estaba diciendo adiós y quedaba el tiempo justo para buscar un sitio para cenar (aquí, si te descuidas... digamos que los horarios difieren algo de los nuestros y la hora en que cena un eslovaco es en torno a las 6-7 pm). Bajamos por Staromestska dirección al centro y giramos a la izquierda para coger una calle bastante transitada y llena de tiendas, restaurantes, clubs, con un tranvía que la recorre en ambas direcciones. En el albergue aconsejan un restaurante, sirven comida tradicional, por lo que no queda mucho que decir. Perdidos entre los innumerables platos de la carta, dimos con varios: platos de carne de cerdo con su salsa de queso (aquí parece que se usa para todos los platos). Y un plato de Bryndzové Halušky (quedaros con este plato, que os seguirá por todo Eslovaquia): plato tradicional eslovaco preparado con patata, queso de oveja y bacon, una masa densa y blanquecina con algo de carne y bacon en el centro. Buen plato, pero muy potente. Todo ello regado por dos jarras de cerveza eslovaca, de a medio litro cada una, que aquí no se andan con chiquitas.


Castillo de Bratislava
Castillo de Bratislava

En nuestro segundo día volvemos a callejear por la ciudad. Lo hicimos la noche anterior, pero sin rumbo fijo, dejando que la propia Bratislava nos guiara en nuestros pasos y nos sorprendiera. Ahora vamos con nuestro mapa (igual esto es un error, pero al menos os puedo contar algo del callejeo). Volvemos a bajar por Staromestska, y pasamos por el arco de la puerta de Miguel (Michalska brana), que en el pasado fue una de las cuatro que tenía la ciudad. En nuestros pies una rosa de los vientos, y nombres de ciudades ¿Qué es esto...? A ver... Madrid 1.865 km. Cruzamos el arco de la puerta y entramos en el centro histórico por la calle de Michalska. Calles adoquinadas, edificios coloreados, sobrios, de patios interiores y pasadizos. En lo alto, dominando la ciudad, el Castillo de Bratislava, blanquecino, de cuatro torres. Lo están restaurando. A la que bajamos del castillo, nos topamos con la Catedral de San Martín, donde diecinueve monarcas húngaros fueron coronados con la corona de San estéban. Esta vez no le podremos hacer la foto típica de toda postal de Bratislava, una pila de andamios recubre su torre, lo están restaurando también. Luego vino el resto: palacios, iglesias, conventos franciscanos y plazas, como la de Hlavné con su fuente. Exploramos la ciudad buscando las figuras de bronce que se encondían a la vuelta de las esquinas; el limpiador de alcantarillas, los muchachos sobre el buzón de correos, Napoleón, el fotógrafo, el otro de la chistera. Y se nos pasó el día andando sin prisa por calles adoquinadas que en algunos momentos nos sacaban de las calles principales, y aparecían casas poco cuidadas, con fachadas que se caían a pedazos, unas en restauración, otras no. Es como que la ciudad está emergiendo y se va recomponiendo. Aparecen aquí y allá carteles de esta restauración es financiada por la UE. La ciudad está en pleno cambio. Fuera del centro se levantan edificios altos acristalados, que se elevan por encima de la media, y se unen a otros, edificios de negocios que dibujarán la nueva etapa de la ciudad.

Llegó la noche y caímos en el pub KGB; es un bar dentro de una galería de ladrillo, al más estilo soviético, la estatua de Lenin, bandera de la URSS, cuadro... una herencia de la historia que ha labrado el lugar. En un libro redactado por un grupo de jóvenes, leo que hay que saber encontrar el pulso a la ciudad, saber amarla tal como es, aceptando esos pequeños defectos, percibiéndolos como únicos. No os cuento más, qué cada uno encuentre a la Belleza del Danubio. Yo me voy con la impresión que llegué a ella.


Post correspondiente a la serie "Eslovaquia, la ruta
#1 Bratislava, encontrando a la Belleza del Danubio
#2 Eslovaquia Central, las ciudades nacidas del oro y la plata
#3 Podbanské, desde las entrañas de los Altos Tatras
#4 Pico Kriváň, las dos caras de una misma moneda
#5 Slovenky Raj, chapoteamos entre los charcos
#6 Vuelta a Bratislava, hacia donde nos lleva el trazo incierto
#7 Tren Bratislava a Cracovia, una noche movida

17 de agosto de 2010

Eslovaquia, la ruta

El otro día, cuando iba camino de Cracovia en tren, tuve tiempo (aunque no comodidad) para hacer un repaso a lo que había sido nuestro viaje por Eslovaquia. Imaginaros el momento: en el rellano, nada más subir las escaleras desde el arcén, al lado del baño y entre las puertas del vagón. Allí, entre mochilas y gente dormiendo, estamos tirados por el suelo porque el vagón está repleto. Os podéis hacer una idea, no muy cómodo el lugar, pero me lance con unas líneas. De todas formas, no adelanto todos los acontecimientos, que ya habrá tiempo para transmitir de manera más sosegada lo que ha dado de sí el viaje (igual os cuenta también esto del viajecito en tren).

Eslovaquia, la ruta


Dos días en Bratislava para conocer los encantos de la ciudad y sus contrastes; para perderse y encontrarse por sus calles. De aquí, con nuestro bólido alquilado, tomamos dirección este para conocer el país. Campos de cereal, cultivos de girasol y maíz se suceden frente a la ventanilla. Eslovaquia Central está cubierta de frondosos bosques. Conforme nos movemos nuestra vista se fija en montañas sobre el horizonte: los Tatras Occidentales, los más suaves Bajos Tatras, Malá Fatra y Veľká Fatra, y, ya más lejos, los Altos Tatras (más adelante nuestro destino); y en castillos que culminan pequeñas colinas y que salpican todo el país, por ejemplo el de Bojnice, en el que paramos, y que por ahí lo describen como de cuento de hadas. Así llegamos a Banská Štiavnica, una pequeña ciudad minera enclavada en las montañas, con el gran encanto, y poderío, que le debieron dar épocas pasadas, muy prósperas, de veta fértil. De nombre parecido, pero esta más grande, Banská Bystrica, con su plaza colorida con obelisco de insignia soviética, recuerdo de un pasado turbulento reciente, y con su museo del Movimiento Revolucionario Eslovaco de edificio muy soviético. La siguiente parada ya en los Altos Tatras, zona más alta de la cordillera de los Cárpatos. Sus montañas alpinas, de cimas rocosas que se transforman en frondosos bosques con floridos claros. En estas montañas el pico Kriváň aún no siendo el más alto (prestigio que ostenta el Gerlachovský) es un símbolo de la cordillera y de toda Eslovaquia. Más al sur encontramos otro paraje natural, Slovenky Raj, "Paraiso Eslovaco". Bosques de Pino y caducifólios, recorridos por ríos en una red de cañones y barrancos. Continuamos el road trip, al fondo sobre la colina las ruinas del Castillo de Spiš, así llegamos a la acogedora ciudad de Levoča. Van pasando los días y necesitamos un cambio de registro, nos acercamos a Liptovský Mikuláš, lugar donde se encuentra el complejo turístico de Tratalandia; aguas termales, saunas, acuapark con toboganes, piscinas, música, chiringuitos... Caen los días y hay que pensar en cerrar el círculo en Bratislava, siguiente parada Trenčín, pero antes sobre las ventanillas del coche van pasando bellos valles, de bosques frondosos y ríos caudalosos paralelos a la carretera, cruzamos Malá Fatra y Veľká Fatra. Vigilando Trenčín, su castillo, sobre lo alto, da una idea de la importancia histórica del lugar. Camino de Bratislava, Trnava, la ciudad más antigua de Eslovaquia. Los bosques que nos han acompañado durante buena parte del recorrido dan paso de nuevo a los cultivos de cereales. Pasamos por los Pequeños Cárpatos, por el sur, zona vitivinícola del país, para cerrar nuestra ruta de nuevo en Bratislava.


#1 Bratislava, encontrando a la Belleza del Danubio
#2 Eslovaquia Central, las ciudades nacidas del oro y la plata
#3 Podbanské, desde las entrañas de los Altos Tatras
#4 Pico Kriváň, las dos caras de una misma moneda
#5 Slovenky Raj, chapoteamos entre los charcos
#6 Vuelta a Bratislava, hacia donde nos lleva el trazo incierto
#7 Tren Bratislava a Cracovia, una noche movida

4 de agosto de 2010

En ruta: Eslovaquia & Polonia

En ruta: Eslovaquia & Polonia


Cuando estéis viendo esto estaremos en ruta camino de Eslovaquia, de su capital: Bratislava. Como podéis ver el mapa está aún en blanco esperando iniciar la andadura. Lo único claro es que la ruta comenzará en Eslovaquia, en Bratislava; y que terminará en Polonia, en Cracovia. Por medio semana y media para recorrer ciudades barrocas, medievales...callejear, explorar... ¿Qué garitos encontraremos? Semana y media para perdernos por los bosques de coníferas, para ascender algunos de los picos de los Altos Tatras; para visitar los innumerables castillos que salpican el lugar...

Puesto que Eslovaquia y Polonia están dentro de la órbita de los vuelos low cost no es nada complicado llegar. De Madrid a Roma y de Roma a Bratislava en nuestro caso. Luego, allí estamos barajando alquilar un coche para movernos, aunque no debe ser complicado desplazarse en autobús o tren.

Puesto que, como podéis ver, todo está en el aire y lo único claro es el incio y fin del viaje. ¿Alguien nos aconseja qué visitar? ¿lo qué no nos podemos perder?

Os paso un enlace por si alguíen quiere profundizar.

Os iremos informando: Facebook / Twitter