12 de octubre de 2010

Blanco o negro en el Cáucaso

En la calle no para de llover. La tarde ha dado de sí todo lo que podía. Una de esas de domingo, en las que la mente piensa más en el día siguiente, mientras la gente sobrelleva como puede la resaca del día anterior. La cosa es que no podía alargar más la soporífera tarde en la calle y estoy en casa revolviendo cajones. Una sana labor esta, de vez en cuando hay que meterles mano. Todos tenemos algún que otro cajón en los que vamos dejando las cosas más dispares. Llegaron a él de modo aleatorio, desordenado, con la escusa del ya lo ordenaré. La cosa es que tengo uno de esos cajones, en los que se va amontonando de todo, desordenadamente, conforme voy llegando de diferentes viajes. El mapa de Perú, garabateado con líneas que parten del norte y van hacia la amazonia, hacia Ecuador, hacia el sur; el mapa del centro de Moscú, en cirílico, todo doblado y manoseado por una semana de uso; un billete de autobús en árabe de cuando visité Marruecos; un folleto de Tallinn, con dos rubias en la portada (estonas supongo); monedas, billetes; un pasaporte caducado, en el que ha quedado la huella de tanta aventura. Remuevo con la mano el interior del cajón, al fondo asoma un periódico doblado, que empieza a tomar el tono de los años. Cuanto recuerdo. Creo que hoy tampoco voy a poder meterle mano a este baúl de los recuerdos, dejaré que me sorprenda de nuevo en el futuro. Ese periódico lo recogí hace algo más de dos años a la que partía del aeropuerto de Moscú rumbo a casa, y se había quedado en el fondo del cajón hasta que hoy ha vuelto a ver de nuevo la luz. Conservado para recordar como podemos ser manejados, como no puede ser que todo sea blanco o negro. La fecha es de agosto de 2008, cuando todo el mundo miraba hacia Beijing y sus juegos olímpicos, y tuvo que desviar la vista hacia el Cáucaso, porque allí Rusia y Georgia, pasaban del deporte a la guerra.

Tan cerca y tan lejos. Estar en esas fechas allí, en el Cáucaso, en la República de Kabardino-Balkaria, el lado ruso, más concretamente en el Valle de Baksan, y encontrarte tan ajeno a todo lo que está pasando a tu alrededor, mientras todo el mundo mira lo que se está cociendo allí, en las regiones limítrofes del sur. Habíamos bajado de la montaña, tras una semana de ascensión al monte Elbrus y pasado a los valles que daban a la frontera con Georgía. Valles fronterizos en los que podías ver una tanqueta a pie de pista, no operativa supongo, pero vestigio de un reciente pasado en que infinidad de ellas apuntarían al sur. Con sus puestos militares, zonas restringidas y burocracia de quita y pon. De allí veníamos, de sortear un control militar de ida y venida, sin la documentación pertinente, agazapados en un autobús vacío mientras se levantaba la barrera y el militar saludaba cortesmente al conductor. ¡Baya descarga de adrenalina! Todo con tal de no caer en la burocracia rusa, muchas veces un tanto difusa y corrupta. Estábamos una vez más en nuestro hotel-campamento de Tyrnyauz, que había pasado a ser para nosotros como la base de operaciones en nuestro viaje por el Valle de Baksan. Éramos los bichos raros en el edificio, que estaba lleno de estudiantes en su campamento de verano. Nos empezábamos a mover por las calles de la ciudad como pez en el agua, y eso que unas semanas antes todo se veía de otro color, más negro este. Habíamos caído en esta ciudad del valle, con la ayuda de un ruso que nos contrató un taxí, a cuyo chofer no entendíamos, ni nos entendía, y que nos trajo de forma suicida, dejándonos a pie de la puerta del campamento de verano este. El primer día fue muy duro. Allí sentados en las gradas del campamento, frente al campo de fútbol y la pista de atletismo por la que paseaba la gente, con la mirada perdida y la mente en todos los previsibles problemas que nos íbamos a encontrar. !Qué carajo vamos a hacer aquí, en el culo del mundo, tanto día, sin un puñetero papel de estos que necesitamos! Tyrnyauz era una pequeña ciudad en medio del valle de Baksan, que en invierno recibía al turista ruso en busca de pistas de esquí, pero que ahora en verano estaba relativamente vacía. De construcciones soviéticas, bloques de edificios, sobrios, grises, con fachadas que se desmoronaban. Un gaseoducto recorre el centro de la ciudad, serpenteando arriba y abajo para dejar paso en cada cruce de calles. En el centro de los jardines de la ciudad, la estatua de Lenin vigila este reducto conflictivo del suelo ruso. El cáucaso norte, y en el cáucaso en general se mezclan pueblos, civilizaciones, religiones musulmana, cristiana y judía. No es de extrañar que siempre haya sido una zona caliente, un polvorín que en múltiples ocasiones ha saltado por los aires. Habíamos bajado de la montaña y nos encontrábamos de nuevo en el hotel-campamento de Tyrnyauz. Una habitación muy espartana, en la que hacíamos hora para bajar al comedor a cenar. La tele encendida, aunque no podíamos entender nada, más que ver las imágenes. Poco he visto la tele en Rusia, pero da la impresión de que se han quedado anclados en el tiempo de los espías, la guerra fría, como que es el espejo en el que se refleja la imagen de una rusia que aún no ha salido de esa época y encara el presente con desconfianza. No quiero ni imaginarme el lavado de cerebro que significará esto en las nuevas generaciones. En esas estábamos, descansando, cuando en la tele arrancaba el telediario vespertino con imágenes de guerra en portada, de bombardeos, explosiones, fuego, y como no, el dolor de la población civil. Imágenes que podían ser de cualquiera de las guerras conocidas o desconocidas y muchas de ellas ocultadas. Ni imaginar que no eran muy lejanas. Pensé, cómo se las gastan estos rusos. Y ahí se quedó la cosa. Tuvieron que pasar un par de días para que encontráramos a alguien con el que poder comunicarnos en nuestro rudimentario ingles y aclarar todas las dudas. Imaginaros cuando accedimos por fin a un periódico digital, donde podíamos leer: Guerra en el Cáucaso. Es en esos momentos cuando piensas que en casa tienen que estar que se suben por las paredes. Ves a tu madre gritando: !qué se le habrá perdido a mi hijo por allá! Y cómo explicar que aquí a lo sumo viste el otro día un helicóptero en al lejanía y un convoy de camiones militares que transitaban por la carretera y que te acabas de enterar que están a limpio bombazo a la vuelta de la esquina..., pero que eso aquí no es.

La cuestión es que en esa temporada por tierras, primero del Cáucaso Norte y luego por Moscú, fui absorbiendo como era tratado el tema allá, y claro, cuando volví a casa, vi como era tratado fuera de Rusia. Los rusos se sentían incomprendidos. Se podía ver en la prensa, los habitantes de Osetia del Sur eran las victimas de los bombardeos del gobierno Georgiano y el ejército ruso no había tenido otra opción que salir en su auxilio. Yo no entendía nada. Esta era la versión con la que los medios de comunicación bombardeaba constantemente a toda la población. Frente a esta versión estaba la de fuera de Rusia, en la que el ejército ruso había invadido Georgia y entrado en guerra directa. Me da la impresión que desde arriba hacen y deshacen, manejando a su antojo a los que están por debajo. ¿Blanco o negro? Lo realmente cierto es que la propaganda por ambas partes fue bestial. ¿Qué pensará el joven de Tyrnyauz? ¿y uno de Moscú? ¿un georgiano? ¿un osetio? ¿y el resto? ¿Blanco o negro? A mi no me queda nada claro y cada vez me da más miedo el poder que tienen para manejarnos.

En la parte superior de la portada aparece un tirador olímpico en primera plana, al fondo se puede ver un letrero de Beijing 2008. En la parte inferior, un militar georgiano, esbozando media sonrisa, muy maquiavélica esta (no habrán elegido la foto por azar), mientras apunta con su fusil desde un barracón. El titular: “Georgia's Olympic war games”. Una pena no haberme guardado un periódico a la que bajé del avión en Madrid, para tener el blanco y el negro de la historia. En todo caso este lo seguiré guardando en el desordenado cajón. Otra tarde lluviosa puede que le meta por fin mano a este baúl de lo recuerdos. Dejaré que me sorprenda de nuevo en el futuro.

6 de octubre de 2010

Bruselas Express

Como hicimos el año pasado con nuestro viaje veraniego, volvemos a aprovechar una parada táctica en nuestra vuelta a casa, para visitar, en esta ocasión, Bruselas, capital de Bélgica y sede europea. Así, ojo avizor, mapa en el bolsillo y cámara en mano, recorrimos lo que se pudo de la ciudad, inmortalizando en imágenes lo que dio de si este Bruselas Express.

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Bruselas tiene fama de ciudad de negocios, de altos edificios acristalados, muy funcionarial, impersonal; pero que deciros, yo me llevé una grata sorpresa. Frente a la parte de Bruselas, la de negocios, que la hay, coexiste la otra, la que tiene un casco antiguo precioso y una mezcla interracial y cultural que enriquece toda la ciudad.

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Comenzamos nuestro corto periplo por la ciudad partiendo a pie desde el mismo hostal, bajamos por el Bulebard Leópold II, para encontrarnos con el Bulebard Barthélémy que discurre paralelo al río. Varios mercadillos de segunda mano distraen nuestra atención, mientras llegamos a una figura de bronce. ¡Señor, qué se cae! Creo que le han puesto la zancadilla.

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Iglesia de St Katelijnea


Giramos y dejamos el río atrás, dirección al centro neurálgico. Varias calles más adelante nos encontramos con la Iglesia de St Katelijne.

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En la misma plaza una pescadería con servicio de bar-terraza no da abasto con la clientela. Por lo visto aquí la hora del vermut también es sagrada. Una compatriota afincada en la ciudad nos dice que éste es el mes de los mejillones, "son muy buenos, ahora es la temporada", mientras pasa de uno a otro a toda velocidad . Cualquiera se va de aquí sin un tentempié: unas rabas con un vino blanco a estas horas no tienen precio.

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Bolsa de valores de Bruselas (BSE)


Nuestra siguiente parada será enfrente del edificio de la Bolsa de valores de Bruselas (BSE), el punto de encuentro, como pone en el mapa gratuito que hemos recogido en el hostal."Todo el mundo se encuentra en las escaleras. No importa que estén siempre sucias y pegajosas de la cerveza vertida ... Las escaleras también sirven de lugar de oratoria para cualquier marcha de protesta: contra la guerra, los derechos de los animales, cualquier cosa.", puedo leer.

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Grand-Place (Grote Markt)


Enseguida se llega a la Grand-Place (Grote Markt). Este es el centro turístico de Bruselas, y se nota por la de turistas que se amontonan en el lugar. En el centro de la plaza, un bello jardín de coloridas flores, rodeado por casas de las corporaciones, el Ayuntamiento, la Casa del Rey.

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Seguimos andando por las calles del centro de Bruselas. Estas son de las que gustan, en las que te puedes encontrar desde una tienda de ropa militar a una de ropa gótica, desde una tienda de corbatas a otra de carteles antiguos, ropa de segunda mano, mercadillos varios...

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Galería de St. Hubert


Así, hemos llegado a la Galería de St. Hubert, un edificio comercial del siglo XIX, con las tiendas más selectas, terrazas y, como no podía faltar, las tiendas del buen chocolate belga.


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Catedral de San Miguel y Santa Gúdula


Ya va bueno el día, pero seguimos caminando por la ciudad. Nuestros pasos nos llevan a la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula. Enfrente, un moderno edificio copia maneras, pero a su estilo, imitando el semblante de la fachada de la Catedral.

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Seguimos andando, cruzamos los jardines de Royal Park, para meternos en la Bruselas más "europea", por la calle de Luxemburgo llegamos al Parlamento Europeo. Aquí una estatua conmemora al euro. Estamos en la Bruselas de los negocios, que contrasta enormemente con todo lo que hemos visto hace solo unas horas cuando estábamos en la plaza central de la ciudad.

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Terminamos nuestra linea sobre el plano de Bruselas a la que vemos casas ornamentadas propias del art nouveau.

Llevamos buena parte del día andando, con lo que creo que nos hemos ganado el merecido descanso y degustar una buena cerveza belga, otro de los atractivos del país, sin duda.

29 de septiembre de 2010

Nace Viajeros Sin Límite




Hoy os presento un nuevo proyecto que nace en la red, Viajeros Sin Límite se llama. Una Bio Revista de turismo accesible, con sello de Miguel Nonay (Asalto de Mata) y Laura RS (Viaje al Atardecer), blogueros viajeros. Nace sin complejos, con la idea de que los límites tan solo nos los ponemos nosotros. “Nos dimos cuenta que muchas veces, por imposición, desinformación o ausencia de la misma, no podemos disfrutar todo lo que nos gustaría, por eso nosotros haremos lo que este a nuestro alcance para que, la aventura comience donde cada viajero quiera”, nos dicen en su nota de prensa. Y es verdad, falta información sobre turismo accesible.

No me quiero dilatar más. Transmitir todo el apoyo a la viajeros sin límite. Os podéis pasar por su web, aquí os dejo la dirección.

26 de septiembre de 2010

Write or Die

En esto del bloguear -desde mi humilde experiencia-, hay momentos en que uno da tanta importancia a cómo contar algo, acaba siendo tan crítico con lo que va a escribir, que no termina de arrancar. Nos hemos bloqueado. Seguro que te has visto en la situación de querer decir tanto en unas líneas que no has podido arrancar. Si, seguro que tú también. ¿Lo importante no es el contar, la comunicación que se crea?, ¿qué importan entonces las formas?. Resulta que al final nos bloqueamos y desquiciamos. Leía por ahí, que hay que dejarse llevar, escribir sin pensar en lo adecuado o no, volcando todo lo que tenemos en la mente, sin pensar, sin juzgar el resultado, sin ningún espíritu crítico, de manera espontánea, intuitiva. Al final el resultado nos puede sorprender.

El otro día dí en la red con una aplicación que ayuda a ello. Nos presiona de que manera para que no quede otro remedio que escribir como un cabrón sin pensar en el cómo. Write or Die se llama la aplicación. Tiene guasa el nombre. Aquí os dejo la dirección.

Os invito a probar. Yo hice una prueba:

El teclado está sacando humo. No es para menos: 300 palabras en 10 min, y no puedes parar porque la pantalla empieza a ponerse de un color rojizo que cada vez se hace más intenso; como presagiando la tragedia. Cuando aparece el bloqueo, y el color rojo de la pantalla ya no puede llegar más a allá sin ponerse negro, ves con incredulidad como van desapareciendo las palabras que con mucho esfuerzo has logrado plasmar, todo ello exprimiéndote el cerebelo. ¡No! ¡No! ¡No! Es como si la tecnología tuviera la sartén por el mango, y cogiéndonos por los cojones, nos estuviera dando bofetadas al ritmo que van desapareciendo las palabras del escrito. ¡No! ¡No! ¡No! 3 min y 17 sec y un wordcount de 137 , 138 , 139,.. ¡No llego! ¡No llego! Esto es una caña. Navegando por la red he dado con esta aplicación para evitar el bloqueo del escritor. Como que te pones a escribir y no paras; Write or Die se llama. Aviso para navegantes, para blogueros, para principiantes como yo. No se que saldrá de aquí, pero depende del programa que te pongas, escribirás como un cabrón . Anda, como que estoy pensando en importarlo al trabajo, tu sabes cómo saldrían esas memorias que tanto cuesta escribir, como churros. Como churros. 37 sec y 235 palabras, 236,... ¡No llego! ¡No llego! En estos 15, 14, 13 sec que me quedan, aviso para navegantes: qué menos que probarlo. Seguro que te echarás unas risas.

18 de septiembre de 2010

Cracovia, buscando al Dragón de Wawel

Cracovia se va alejando conforme el avión va cogiendo altura, tras dos días de recorrer sus calles.

Cracovia, la ciudad del dragón (aunque no tengo muy claro aún esto), con su centro en la Plaza del Mercado. Una iglesia, de dos torres, donde cada hora un trompetista se arranca con una canción, que deja a la mitad, y saluda. Esto viene de atrás: desde esta torre se vigilaba la venida de enemigos a la ciudad y se daba la voz de alarma. La plaza debe su nombre a que aquí, como es de suponer, se vendía de todo, (obvio ¿no?)

Cracovia, Plaza del Mercado
Plaza del Mercado (Cracovia)


Está también el barrio judío. Importante en la ciudad. Antes de la Segunda Guerra Mundial Cracovia tenía entre su población un 25 % de judíos. Luego, llegaría la guerra, y los nazis... y todos sabemos: los trenes partían llenos de gente con destino el macabro campo de concentración de Auswitch, muy cercano a Cracovia. El barrio judío es como otra ciudad dentro de Cracovia. Sinagogas aparecen a la vuelta de cada esquina, dentro de la escena urbana que sirvió para el rodaje de la película de la La lista de Schindler.

Cracovia, Barrio Judio


Elevado sobre la ciudad, el Castillo Real de Wawel, en lo alto de la colina. Cuando Cracovia ostentaba la capitalidad del país, gozó de gran esplendor, luego, llegó el gran fuego que lo arrasó y entró en un declive que lo fue desmoronando. En los últimos siglos emergió de entre las cenizas, o las ruinas, como ave fénix, y hoy en día ha recuperado el tono (aún siguen restaurando, por lo que veo).

Ayer deambulamos por una Cracovia en la noche, mientras buscábamos algún garito peculiar, de estos que uno no tiene en casa. En la zona interior a las murallas, calles que se entrecruzan, soberbios edificios, iglesias, plazas, alguna estatua. Pasadizos de los que parten galerías que conducen a salas, con su ambiente bodeguero, en los que se sitúan los clubes; jazz, rock, tecno, lo que quieras, en ambientes enladrillados de lo más cool. Música en directo. “Ehh... Dos mojitos y un caipiriña”. Todo ello bañado en la noche.

“Ehh... Dos mojitos y un caipiriña” (Cracovia)


Esto es lo que ha dado de sí nuestras corta estancia en Cracovia. Me llevo de tarea indagar sobre la historia del dragón. Dentro de media hora llegaremos a Bruselas y habrá dado por finalizado el viaje por Eslovaquia & Polonia (un poco de Polonia).


***
P.D.:
“Una leyenda atribuye su fundación al mítico gobernante Krakus, que lo construyó sobre una cueva ocupada por un voraz Dragón de Wawel. Muchos caballeros intentaron sin éxito desalojar al dragón luchando contra él, hasta que un zapatero llamado Dratewka le dio una oveja llena de azufre; el dragón se la comió, bebió el agua del río Vistula y estalló.” Qué haríamos sin la wikipedia.

12 de septiembre de 2010

Tren Bratislava a Cracovia, una noche movida

"¿Qué vagón es el nuestro?" Los pasos tranquilos con los que hemos bajado de nuestro vagón empiezan a acelerarse conforme los revisores nos mandan más allá con un gesto de negación. Los pasos van seguidos de zancadas, y de cierta angustia. "No, este no es, este va a Varsovia", "no, no os corresponde, ya que este es de primera clase", todo ello mientras el revisor chasquea sus dedos, "money, money". En medio del caos, la angustia va creciendo conforme lo hace la posibilidad de quedarse en tierra, con cara tontos, claro. "Tío, métete en cualquiera, que aquí no hay nada, qué vamos a hacer".

Era medianoche en una estación de la República Checa, Breclav, en la frontera con Eslovaquia. Acabábamos de subir al primer vagón que habíamos pillado, sin saber muy bien a dónde iba. Estábamos teniendo una noche movida, y nosotros que pensábamos que teníamos un viaje directo Bratislava - Cracovia. La realidad estaba siendo bastante distinta. Todo empezó a sonar mal cuando en la estación Hlavná Stanica de Bratislava no encontrábamos en el panel nuestro tren. El cierto mosqueo se acrecentó cuando una mujer en la taquilla nos dijo que nuestro tren era el que iba a Berlín, "¿cómo así?"; luego, lo potenció el ver que todos los vagones que iban a Cracovia estaban repletos de gente, y nos teníamos que montar en uno que iba a Berlín, con el consiguiente cambio en la siguiente parada. "No me quiero ver como esta gente, tirada en los pasillos" ,"ya, en la próxima parada, ya podemos andar listos para coger un camarote". Parecía que estos trenes nocturnos estaban muy concurridos, este venía de Budapest, en Hungría, un tren de las líneas rusas, con unos cuantos años él. Por lo visto, el interrail por los países del telón de acero, la Europa del este, estaba en auge.

Tren Bratislava - CracoviaEn el rellano, nada más subir las escaleras desde el andén, al lado del baño y entre las puertas del vagón. Allí, entre mochilas y gente durmiendo, estábamos tirados por el suelo porque el vagón está repleto. Os podéis hacer una idea, no muy cómodo el lugar. No habíamos andado muy listos. Eso parecía el camarote de los Hermanos Marx, de la gente que estamos allí metidos, y nosotros que pensábamos que teníamos un cómodo viaje directo, ocho horas en las que poder dormir y reponer fuerzas. La realidad era bastante distinta. A través de la ventanilla de la puerta que daba al vagón propiamente dicho se veía una hilera de gente tirada en el suelo, tratando de robar unas horas de sueño a esta noche movida. Al lado nuestra, una pareja de Nueva Zelanda que venían desde Rumanía. "Rumanía es diferente, mucho más rural", nos comentan, mientras el tren avanza ya por terreno Checo. También creían que iban a tener un viaje tranquilo, qué ilusos. Conforme van cayendo los kilómetros, las conversaciones van disminuyendo y uno y otro se iba en busca de dulces sueños, tirados todos en el reducido espacio que tenemos.

Son las tres de la mañana, el tren volvía a pararse, nos tocaba un nuevo cambio de vagón, y ya iban varios. Esta vez ya conseguíamos meternos en el adecuado, que nos llevaría a Cracovia de una tirada. El tener todos los huesos doloridos del agradable viaje en tren que acabábamos de tener, hacían espabilar a cualquiera, y nos faltó tiempo para vernos sentados en nuestro camarote. Ahora si, podíamos decir "hasta mañana, dulces sueños, amaneceremos en Polonia".


Post correspondiente a la serie "Eslovaquia, la ruta
#1 Bratislava, encontrando a la Belleza del Danubio
#2 Eslovaquia Central, las ciudades nacidas del oro y la plata
#3 Podbanské, desde las entrañas de los Altos Tatras
#4 Pico Kriváň, las dos caras de una misma moneda
#5 Slovenky Raj, chapoteamos entre los charcos
#6 Vuelta a Bratislava, hacia donde nos lleva el trazo incierto
#7 Tren Bratislava a Cracovia, una noche movida

5 de septiembre de 2010

Vuelta a Bratislava, hacia donde nos lleva el trazo incierto

La satisfacción de ver como nuestros pasos inciertos, poco predecibles, van marcando una ruta sobre el mapa, a golpe de anécdota, de aquella decisión, elección, de la otra, mientras el pequeño Skoda va recorriendo las carreteras de Eslovaquia (este a golpe de acelerones y algún que otro trompo), todo ello sin rumbo fijo (a sí somos), tiene el inconveniente que hay momentos en los que uno pierde el norte, ese rumbo, y empiezan a asaltar las dudas, "¿a dónde carajo vamos? ¿Hacia el sur?", todo ello mientras nos miramos con caras a cada cual más indiferente. "Parece que no hay mucho que ver, pero... ¿igual algo diferente...? ¿hacia el norte? De momento vamos hacia..., a ver el Castillo de Spiš, aunque sea solo la estampa de sus ruinas sobre la colina, luego...".

Vuelta a Bratislava, hacia donde nos lleva el trazo incierto


Estábamos montados en el coche, pero no sabíamos hacia donde tirar. "tenemos que cerrar lo del coche de alquiler" (listos de nosotros que queremos dejar el coche en Polonia, Cracovia, pero tenemos acordado dejarlo en Bratislava) "rumbo a Poprad, al aeropuerto, que hay una oficina de nuestra rental car". Pero cuando las cosas no quieren salir bien... La oficina estaba cerrada y nadie contestaba a ningún teléfono en todo el país (no diré que compañia era), "pero... ¿trabaja alguien en esta compañía?" No hay mal que por bien no venga, las cosas empezaban a aclararse: "rumbo a Bratislava, que a Cracovia nos iremos en tren".

Recuerdo cuando en Bratislava, mientras regábamos nuestros gaznates con jarras de cerveza en esa galería-bar, muy soviético este, el KGB, un eslovaco nos recomendaba visitar Tratalandia. Que, ¿qué es eso? Pues no es un chiquipark, aunque tenga nombre, es un complejo turístico de acuapark, aguas termales, todo ello a los pies del Alto Atras. Con media sonrisa, le explicábamos que no nos veíamos por allá, "no, a nosotros nos van más las caminatas por la montaña, no solemos acercarnos por esos lugares". Quién lo iba a decir: rodeados de bellas montañas, en un lugar idílico, aire natural que oxigena el cuerpo, mientras los cálidos rayos de luz lo cargan de energía, en un apacible...uggggrrrrrrrrrrrrrrr...a ver, recapitulo: rodeados de bellezas, en una cálida piscina termal, con un horizonte montañoso, si no fuera por el pelma ese del animador que no calla por la megafonía..., con toboganes, hamacas, chiringuitos...

Al finalizar el día tomamos dirección a Trenčín. Recorremos valles arbolados, densos bosques, anchos ríos paralelos a la carretera; estábamos atravesando Malá Fatra y Veľká Fatra. Trenčín, en lo alto, el castillo vigila el horizonte. Durante siglos fue la primera fortaleza que custodiaba este borde del imperio. Adquiró importancia sobre todo en la época en la que Hungría (a la que pertenecía también Eslovaquia) fue invadida por los turcos. Ha sido reconstruido, como muchos de los castillos de aquí, de los incendios que los convirtieron en ruinas. De camino a Bratislava, paramos en Trnava, lo que fue la ciudad más antigua de Eslovaquia, con su plaza con la Iglesia de San Juan (tiene su ambiente), su contraste con los edificios hormigonados que se enfrentan a los estilosos edificios barrocos. Luego, nos acercamos a los Pequeños Cárpatos, zona de viñas, aunque realmente no se ven muchas. Modra es el centro de esta región vitivinícola. Y así terminaba nuestro road trip, desaciendo el camino que habíamos hecho hacia el este.

Hacíamos hora en Bratislaba para coger nuestro tren, en el diario leo: "supongo que estas serán las últimas líneas del día aunque vete a saber que nos deparará el azar. Cuando uno habla de partir... Seguiremos descansando, respirando el ambiente del centro y terminando nuestra Pivo" Habíamos despejado todas las dudas que teníamos hace sólo 2 días, habíamos cerrado el círculo de nuestro periplo por Eslovaquia en Bratislava, y ahora nos íbamos a Cracovia (Polonia) en tren. Volvía a sacar el diario, claro que lo saqué, uno no se encuentra con alguien de su pueblo a tantos miles de kilómetros de casa; pero allí estaba, "pero si ese de ahí es Cesar, el catequista...", ¡qué pequeño es el mundo! Y lo volví a sacar, había que tomar nota de lo grotesco de nuestro viaje en tren hacia Polonia, pero esto es otro cantar, ya os contaré.


Post correspondiente a la serie "Eslovaquia, la ruta
#1 Bratislava, encontrando a la Belleza del Danubio
#2 Eslovaquia Central, las ciudades nacidas del oro y la plata
#3 Podbanské, desde las entrañas de los Altos Tatras
#4 Pico Kriváň, las dos caras de una misma moneda
#5 Slovenky Raj, chapoteamos entre los charcos
#6 Vuelta a Bratislava, hacia donde nos lleva el trazo incierto
#7 Tren Bratislava a Cracovia, una noche movida

1 de septiembre de 2010

Slovenky Raj, chapoteamos entre los charcos

Slovenky Raj, chapoteamos entre los charcos
Café en Podlesok (Slovensky Raj)


Suenan los rugidos de la tormenta, dando la voz de retirada. Aún con la respiración entrecortada, pero a cubierto. Qué bien sienta cada sorbo del café. Si obviamos que voy calado hasta los mismísimos, aún más. Llueve sobre Podlesok, y ha llovido mucho, una buena tromba de agua.

Quién iba a decir que se pondría la cosa tan fea, cuando el buen tiempo de la mañana nos hizo salir a andar tan veraniegos nosotros: voy con bermudas, eso sí, caladas a más no poder. Quién sabe, igual fue lo más correcto de llevar, al fin y al cabo, voy como si me hubiera metido con la ropa a la piscina.

A la mañana nos acercamos a Podlesok para visitar el "Slovensky Raj", el "Paraiso Eslovaco". Es uno de los parques naturales de Eslovaquia. Frondosos bosques de conífereas recorridos por ríos que van formando una red de cañones y barrancos. Íbamos a hacer una ruta que asciende por la Garganta de Sucha Bella y luego desciende por un barranco más tendido. Era un herbidero de gente, aún siendo un día entresemana. En procesión ascendiendo el cañon por las sucesivas escaleras, troncos y demás artilugios dispuestos a lo largo de la ruta. Cuatro gotas, menos mal que habíamos salido del cañon. Las cuatro gotas se convirtieron en una tromba de agua en toda regla. Con cara de circustancia cobijados bajo unos árboles. "¿Qué hacemos?" Parecía inevitable que nos íbamos a mojar a más no poder. "Pero.... no dicen que bajo un árbol te mojas dos veces". Las ramas y hojas del bosque, que parecía estaban retardando lo inevitable, nos dejaban de lado, conforme nos poníamos cada vez más impacientes. "Tontolaba el último", si nos mojamos al menos no lo íbamos a hacer mirando como tontos al cielo esperando que descampara. "La camiseta sobra, yo a la piscina me tiro con bermudas -y las llevo-. Retirada al coche". Y echamos a correr a paso de caballería, sólo faltaba el toque de trompeta.

Ahora estoy echando un café, esperando a que lleguen estos. Con cara de satisfacción, recordando esa media hora larga en la que he corrido sin mirar atrás, cuesta abajo, en busca del aparcamiento de Podlesok . Corriendo entre regueros de agua que descendían por canales abiertos en el camino, saltando entre los huecos de tierra que dejaban las raices de los árboles; salpicando a cada paso, conforme mis pies iban de allá para acá sobre charcos cada vez más grandes. ¡Chas! ¡Chas!¡Chas!¡Chas!¡Chas!¡Chas! El agua me empapaba, descendía por todo el cuerpo. "De perdidos al río, como un niño que chapotea en un charco..."

En estos momentos es cuando uno echa en falta ese calzado de repuesto, esa camiseta de más que dejaste en casa para que todo entrará en esos 50x40x20cm, en esos 10 kilos escasos de peso de equipaje. El coche sirvió de vestuario improvisado, os podéis imaginar el olor a humedad que había dentro. Luego tocó secar la ropa, y lavar algo, que remedio cuando echas cuentas y ya no queda nada de repuesto. Cada uno se las ingenia como puede, yo utilizo las bombillas de las lámpara de mesilla, mientras veo como sale un vaporcillo de mis zapatillas. "Parece que esto funciona". Pero lo mejor de todo fue la cara que puso el camarero del bar donde cenamos, un bar en la pequeña ciudad de Levoča, cuando García le preguntaba por unos periódicos viejos para secar sus zapatillas. Ya sea porque no nos entendía, ya sea porque no era práctica habitual esa de meter perióidicos en las zapatillas, pero el tipo flipaba.


Post correspondiente a la serie "Eslovaquia, la ruta
#1 Bratislava, encontrando a la Belleza del Danubio
#2 Eslovaquia Central, las ciudades nacidas del oro y la plata
#3 Podbanské, desde las entrañas de los Altos Tatras
#4 Pico Kriváň, las dos caras de una misma moneda
#5 Slovenky Raj, chapoteamos entre los charcos
#6 Vuelta a Bratislava, hacia donde nos lleva el trazo incierto
#7 Tren Bratislava a Cracovia, una noche movida

29 de agosto de 2010

Pico Kriváň, las dos caras de una misma moneda

Fuente: wikipedia
La cena de ayer me ha echo polvo, no me ha dejado dormir, y hasta me ha echo saltar de la cama en busca del baño. Así he empezado el día. Y ahora subiendo al pico Kriváň. La parada parece desencadenar todo: un sudor frío corre mi cuerpo, un ligero mareo llega, amago de nausea... ¡ahora no! Dos grupos llegan hacia nosotros, acabamos de pasarlos a toda marcha, me temo que les espera un espectáculo dantesco... No aguanto más, el estómago, vacío, oprimido, parece como si alguien lo estuviera estrujando...!no! Miro hacía derecha e izquierda, pensando como gestionar el tema. Todo acaba. Alivio... La frente sudada, fría, todo ha pasado.
     -Ya verás cuando contemos esto a la vuelta -oigo por detrás.
     -El montañero... -se ironiza.
No debe ser el mejor día para visitar los Altos Tatras.

Los Altos Tatras, situados la mayor parte en Eslovaquia y el resto en Polonia, relieve severo salpicado de lagos de origen glacial; riscos rocosos que se elevan sobre un bosque subalpino de coníferas que deja aparecer claros que tornan a floridas praderas en verano; clima riguroso de alta montaña en invierno; los "Alpes en miniatura", así los llaman. Y el pico Kriváň (2.495 m), uno de sus símbolos, y de toda Eslovaquia. Tiene una ascensión cómoda, con 1.350 m de desnivel, partiendo de Tri Studničky (1.140m), entre Podbansque y Štrbské Pleso. Comienza la subida por un bosque, para a la salida remontar en una larga diagonal todo el barranco que baja desde su cima. Así, llegamos a la antecima, Malý Kriváň (2.335m), y andando por el espolón sur a la cima del Kriváň (2.495m), en unas 3 horas y algo de ascensión.

La segunda parada es algo más normal, ya de las habituales, y nos encontramos con un grupo de Húngaros.
     -Hola, español, no os importa si subo con vosotros el monte. Yo estudié en secundaria, pero no he tenido la oportunidad de practicar.
Y así compartimos la ascensión, de manera más amena, mientras Julianna practica sus dotes lingüisticas.
     -A este le llamamos el juerguista, si, no se pierde una -dice García-. Este, el montañero débil.
     -Si, montañero débil -dice Julianna, mientras sonríe.
Parece que uno no puede tener ni un signo de flaqueza. Entra en escena nuestro casero, cuando ayer nos recomendaba comprar un queso de untar para preparar un plato típico de la zona. Creo que no le cogimos la idea.
     -Conoces esas tostadas de queso con cebolla, pimiento y pimienta -le decimos.
     -Pero eso no es muy típico de aquí... -nos dice Julianna.
No, si la idea no la hemos cogido, y hemos creado una bomba de relojería, que ha ido en cuenta atrás hasta que hace un rato ha explotado. Se nos fue la mano con la pimienta, creo, y la ensalada de cebolla con pimiento y tomate no habrá ayudado. Entre conversación y conversación, el desnivel ha ido cayendo, y conforme hemos ido cogiendo altura la niebla se ha ido espesando.


Pico KriváňLa niebla nos acompañó durante buena parte de la subida, y no nos dió un momento de satisfacción para que pudiéramos ver el valle, bajo nuestros pies, cuando estábamos en la cima. Por lo visto no iba a ser nuestro día, no fue mi día, que en esos momentos aún notaba el vacío en el estómago. Pero la imaginación es libre. Un sorbo, lo saboreo mientras suena el traqueteo del teclado. No es la pinta con limón que me hubiera echado, pero, qué carajo, me debía una, al fin y al cabo no pude celebrarlo como se debía: el temple no estaba para muchos trotes. Cierro los ojos; veo la cruz, simbolo de Eslovaquia, la de su bandera, en el borde, indicando el punto más alto del pico Krivan, sobre un valle que se abre. Las paredes rocosas caen, y se pierden en el abismo. En el fondo, cuando la roca da su permiso, aparecen los bosque de coníferas, de color verdoso, pero intenso, fuerte, como el clima en el que han crecido. En frente, paredes de roca, surcadas por canales que descienden desde las cimas y se funden con la masa boscosa. Algunos lagos, alpinos, de azul intenso, recogen el agua. Hubiera sido así, lo imagino, más idílico, supongo. Sobre mi mano la moneda de bronce de 5 centimos de Euro, con su figura grabada sobre bronce, esa silueta elegante, por que no decirlo. «No fue del todo mal aquel día» -pienso-.


Post correspondiente a la serie "Eslovaquia, la ruta
#1 Bratislava, encontrando a la Belleza del Danubio
#2 Eslovaquia Central, las ciudades nacidas del oro y la plata
#3 Podbanské, desde las entrañas de los Altos Tatras
#4 Pico Kriváň, las dos caras de una misma moneda
#5 Slovenky Raj, chapoteamos entre los charcos
#6 Vuelta a Bratislava, hacia donde nos lleva el trazo incierto
#7 Tren Bratislava a Cracovia, una noche movida

25 de agosto de 2010

Podbanské, desde las entrañas de los Altos Tatras

Como el año pasado, uno de los compañeros de fatigas en este viaje, se lanza con unas líneas en este diario de abordo. No se hable más, ahí van, desde las entrañas de los Altos Tatras


BY JAVIER GARCIA
(García nos deleita, una vez mas, con sabias palabras)


Sábado 07-08-2010. 23:28 h.

«Por supuesto que no se trata de un sábado cualquiera, de lo contrario raro sería estar escribiendo tumbado en la cama y más raro aún sería haber cambiado la persiana por un trozo de tela.

Lo estabas a punto de adivinar, no estoy en Estella, ni en Ganuza. Hemos vuelto a coger el primer avión que volaba hacia el este y nos dio por bajarnos en Bratislava. Visita de dos días a la capital. Calle arriba... Caña. Calle abajo… Caña.

Es lo que tiene viajar con estos dos, y con el que vino el año pasado más de lo mismo. Que si no se le ocurre a uno lo de “echamos una caña, o que “, se le ocurre al otro. Y claro, como no es cuestión de ser el raro del grupo, yo también lo digo de vez en cuando. El resultado es siempre el mismo, aceptación de la propuesta. Se trata de un pacto no escrito, ni tan siquiera hablado, pero todos sabemos que una sola negación podría acarrear terribles consecuencias.

Una vez de haber cumplido con la capital, Bratislava,  vamos tirando poco a poco más hacia el este. Ya que tenemos un lema, pues mira, que no nos puedan decir que no lo llevamos a cabo.”Nosotros siempre pal este “.

Encontramos sitio para dormir en Banská Štiavnica, importante ciudad minera hasta el siglo XVII, que hoy en día no lo tiene nada difícil para atraer al turismo. Gran parte de la culpa la tienen sus dos castillos, las calles adoquinadas y los museos con colecciones de minerales y explicaciones sobre la explotación en siglos pasados de las minas. Si unido a todo esto, vemos que esta pequeña ciudad es considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, entendemos que no seremos los únicos turistas a los que se nos ha ocurrido hacerle una visita.

La residencia Alma Mater le deja en fuera de juego a Edu. El edificio con una vieja y poco iluminada fachada rodeada de pinos y el acceso con escaleras rotas entre las que intentan crecer pequeños matojos, le provocan una mueca de satisfacción. Pero al entrar y ver que los suelos no crujen y la habitación no envidia en nada a la de cualquier otro hostal, la pequeña sonrisa desaparece de su rostro. Otra vez será compañero, pero el dormir hoy aquí no es ninguna aventura.

Cuarto día, visita a Banská Štiavnica, parada en Banská Bystrica y rumbo a los Altos Tatras. Aquí viene lo mejor, o por lo menos eso creo intuir. De los dos lagos que hemos visto el de Propadske Pleso me ha parecido muy, muy chulo. El refugio de al lado del lago está completo para dormir y tan sólo diez minutos después de reafirmarnos que estas cosas no nos pasarían si pusiéramos más interés antes del viaje, hemos llegado a un paraje precioso.

No muchas casas, todas ellas de madera y con tejados de pizarra forman el término de Podbanské. Hemos tenido la suerte de poder alquilar la única casa que quedaba libre. El mero hecho de echar un vistazo hacia el cielo del oscuro poblado, rodeado de picos de 2.500 m. y tener la impresión de estar viendo todas las estrellas que existen me provocan un cúmulo de sensaciones difíciles de explicar. “Un acierto el haber venido aquí de vacaciones”, pienso al regresar a nuestra nueva casa.

Al llegar al pueblo un señor muy majo nos ha invitado a subir a una pequeña caseta de madera desde la que se ve el Kriváň, todo un símbolo de Eslovaquia. Mañana intentaremos conocer su cima. Espero que Edu os cuente la ascensión en futuras publicaciones.

Desde las lejanas montañas del este, mi más afectuoso abrazo para todos los seguidores del blog. »


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#2 Eslovaquia Central, las ciudades nacidas del oro y la plata
#3 Podbanské, desde las entrañas de los Altos Tatras
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#6 Vuelta a Bratislava, hacia donde nos lleva el trazo incierto
#7 Tren Bratislava a Cracovia, una noche movida

23 de agosto de 2010

Eslovaquia Central, las ciudades nacidas del oro y la plata

Como Eslovaquia no va a ser todo su capital (aviso para navegantes, si estás haciendo el interrail y caiste por Bratislava, coge uno de los muchos trenes que parten de la capital y pon rumbo al este), alquilamos un bólido, tomamos dirección Eslovaquia Central para conocer el país. Campos de cereal, cultivos de girasol y maíz se suceden frente a la ventanilla, estamos en la Eslovaquia más occidental, zona agrícola. Montones de paja aparecen aquí y allá, parece que aquí también han cosechado. Conforme nos movemos más al este los bosques van ganando terreno. Eslovaquia Central está cubierta de frondosos bosques. Nuestra vista se fija en montañas sobre el horizonte: los Tatras Occidentales, los más suaves Bajos Tatras, Malá Fatra y Veľká Fatra, y, ya más lejos, los Altos Tatras (más adelante nuestro destino); y en castillos que culminan pequeñas colinas y que salpican todo el país.

Castillo Bojnice
Castillo de Bojnice


De entre los numerosos castillos, se remarca el de Bojnice, que por ahí lo describen como de cuento de hadas. Será porque nos traslada a épocas románticas de caballeros, príncipes y princesas azules, con su silueta de torres, chapileles verdosos. Bueno, que poco se diferenciará del estereotipo de castillo de princesas de un cuento. En cuanto apareció su silueta sobre el horizonte, nos desviamos de nuestro camino hacia el este para parar y visitarlo. Pero no tuvimos suficiente y decidimos entrar a verlo por dentro, por lo visto, el último propietario del castillo, amante del arte, lo restauró y fue coleccionando obras, antiguedades, que almacenaba en los espacios del castillo. Primera habitación: que gracia esto de asistir a una visita guiada en eslovaco; segunda habitación: no importa, me concentro en lo que veo y, total, aquí en este panfleto lo pone todo en castellano; tercera habitación: por favor, que ....; cuarta habitación, me he aburrido de leer, y esta tía que no se calla, si total no me entero de nada, y ahora se ríe todo el mundo, será un chiste, ¿me río yo también? ... por favor, que se acabe esto ya (amantes de las antiguedades y del arte pueden obviar lo que acabo de escribir).

La tarde va dejándonos y empieza a llover, arrecia y lo que habían sido unas gotas se convierte en toda una tromba de agua que nos hace conducir por calles totalmente cubiertas de agua, a momentos parece que conducimos por un río. Creo que todo sea tan verde no es por casualidad. Así llegamos a una zona de tradición minera, al menos en el pasado. "Banská" significa minería, y a ella debe la zona su esplender de antaño. Durante la edad media aparecieron ciudades mineras reales que sustentaban el imperio de los monarcas húngaros. Épocas de esplendor para la zona, para estas ciudades: Banská Štiavnica, Banská Bystrica y otras, en las que el oro y la plata de las vetas de su suelo significaba riqueza y poder. Luego, el subsuelo empezó a no proveer en abundancia y ya en el siglo XVII las minas estaban agotadas.

Banská Štiavnica es una pequeña ciudad de unos 10.000 habitantes, enclavada entre montañas, pero que tiene un casco antiguo que no envidia ... de los que decimos con encanto ¿Cómo, en una ciudad tan pequeña? Por la zona debieron correr tiempos expléndidos. Sin duda, un buen lugar para hacer noche. Al día siguiente, en la plaza de la Trinidad nos espera un mercadillo con artesanía y gastronomía del lugar, parece que elegimos buena fecha para acercarnos por aquí. Cerca de la ciudad, a 1 o 2 km, existen unas minas que se pueden visitar, nosotros lo intentamos, pero llegamos antes de que abrieran.

Plaza Banská Bystrica
Plaza de Banská Bystrica


De nombre parecido, pero esta más grande, Banská Bystrica, también creció a la sombra de la minería. La plaza con edificios coloridos, amplia, e iglesia, como no podía faltar. Dando entrada a la plaza un obelisco con insignias rusas. Por la fecha, en torno a la segunda guerra mundial. Esta ciudad fue donde surgió el movimiento revolucionario eslovaco contra los nazis, abriendo los brazos hacia la URSS. Los partisanos del lugar tomaron las armas. Luego, los alemanes se tomaron la revancha y en respuesta mataron y torturaron a más de 900 hombres, mujeres y niños. En la ciudad existe un museo en honor a dicho movimiento (dicen que es uno de los mejores del país). Un edificio de hormigón, grueso, robusto, como son los edificios soviéticos. En el pasillo que separa en dos el edificio, una llama se mantiene en honor a los caidos, a sus pies se levanta una estatua.

Banská Bystrica
Llama honra a los caídos (Banská Bystrica)


Evocando una era gloriosa de poder y explendor, en la que el oro y la plata de la venas del subsuelo hacían crecer estas ciudades de las montañas, llega a su fin nuestro trayecto por la zona.


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19 de agosto de 2010

Bratislava, encontrando a la Belleza del Danubio

Qué me decís si os digo que Bratislava es la capital de Eslovaquia y que también lo fue de Hungría. Menudo lío, ¿no? Y si os digo que después de ser parte del Imperio Austro-Húngaro, Eslovaquia formó parte junto con República Checa de un estado común conocido como Checoslovaquia, pero que después de la Segunda Guerra mundial cayó bajo el control de la URSS. Y nada os cuento de esos años de guerra en que todo se complica aún más. Ya desde que nació del matrimonio de la Ruta del Ambar, que unía los mares del norte con el mediterráneo, con la ruta que corre a lo largo del Danubio, el transcurso de la historia ha labrado profundamente el lugar. Celtas, romanos, eslavos, hungarós, ... ¿quién no ha pasado por aquí? La llaman la Belleza del Danubio, pero a su alrededor otras ciudades le hacen sombra: Viena, Praga, Budapest. ¿Quizás la belleza este en el interior? Una ciudad de contrastes: puedes pasar de una periferia de edificios llenos de grafitis y carteles, con fachadas que se desmoronan, o de construcciones de gusto más que discutible, a un centro histórico expléndido. La Bratislava antigua, con su castillo, en lo alto, frente a la herencia de la época comunista de la ciudad, con uniformes bloques de edificios y toscas construcciones de hormigón, como el puente sobre el Danubio que se construyó en los 70s.

Plano Bratislava

Eran las 7 de la tarde y lo primero que queríamos hacer era dejar los petates en el hostal, había sido un día largo, de aeropuertos. La tarde estaba diciendo adiós y quedaba el tiempo justo para buscar un sitio para cenar (aquí, si te descuidas... digamos que los horarios difieren algo de los nuestros y la hora en que cena un eslovaco es en torno a las 6-7 pm). Bajamos por Staromestska dirección al centro y giramos a la izquierda para coger una calle bastante transitada y llena de tiendas, restaurantes, clubs, con un tranvía que la recorre en ambas direcciones. En el albergue aconsejan un restaurante, sirven comida tradicional, por lo que no queda mucho que decir. Perdidos entre los innumerables platos de la carta, dimos con varios: platos de carne de cerdo con su salsa de queso (aquí parece que se usa para todos los platos). Y un plato de Bryndzové Halušky (quedaros con este plato, que os seguirá por todo Eslovaquia): plato tradicional eslovaco preparado con patata, queso de oveja y bacon, una masa densa y blanquecina con algo de carne y bacon en el centro. Buen plato, pero muy potente. Todo ello regado por dos jarras de cerveza eslovaca, de a medio litro cada una, que aquí no se andan con chiquitas.


Castillo de Bratislava
Castillo de Bratislava

En nuestro segundo día volvemos a callejear por la ciudad. Lo hicimos la noche anterior, pero sin rumbo fijo, dejando que la propia Bratislava nos guiara en nuestros pasos y nos sorprendiera. Ahora vamos con nuestro mapa (igual esto es un error, pero al menos os puedo contar algo del callejeo). Volvemos a bajar por Staromestska, y pasamos por el arco de la puerta de Miguel (Michalska brana), que en el pasado fue una de las cuatro que tenía la ciudad. En nuestros pies una rosa de los vientos, y nombres de ciudades ¿Qué es esto...? A ver... Madrid 1.865 km. Cruzamos el arco de la puerta y entramos en el centro histórico por la calle de Michalska. Calles adoquinadas, edificios coloreados, sobrios, de patios interiores y pasadizos. En lo alto, dominando la ciudad, el Castillo de Bratislava, blanquecino, de cuatro torres. Lo están restaurando. A la que bajamos del castillo, nos topamos con la Catedral de San Martín, donde diecinueve monarcas húngaros fueron coronados con la corona de San estéban. Esta vez no le podremos hacer la foto típica de toda postal de Bratislava, una pila de andamios recubre su torre, lo están restaurando también. Luego vino el resto: palacios, iglesias, conventos franciscanos y plazas, como la de Hlavné con su fuente. Exploramos la ciudad buscando las figuras de bronce que se encondían a la vuelta de las esquinas; el limpiador de alcantarillas, los muchachos sobre el buzón de correos, Napoleón, el fotógrafo, el otro de la chistera. Y se nos pasó el día andando sin prisa por calles adoquinadas que en algunos momentos nos sacaban de las calles principales, y aparecían casas poco cuidadas, con fachadas que se caían a pedazos, unas en restauración, otras no. Es como que la ciudad está emergiendo y se va recomponiendo. Aparecen aquí y allá carteles de esta restauración es financiada por la UE. La ciudad está en pleno cambio. Fuera del centro se levantan edificios altos acristalados, que se elevan por encima de la media, y se unen a otros, edificios de negocios que dibujarán la nueva etapa de la ciudad.

Llegó la noche y caímos en el pub KGB; es un bar dentro de una galería de ladrillo, al más estilo soviético, la estatua de Lenin, bandera de la URSS, cuadro... una herencia de la historia que ha labrado el lugar. En un libro redactado por un grupo de jóvenes, leo que hay que saber encontrar el pulso a la ciudad, saber amarla tal como es, aceptando esos pequeños defectos, percibiéndolos como únicos. No os cuento más, qué cada uno encuentre a la Belleza del Danubio. Yo me voy con la impresión que llegué a ella.


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#7 Tren Bratislava a Cracovia, una noche movida

17 de agosto de 2010

Eslovaquia, la ruta

El otro día, cuando iba camino de Cracovia en tren, tuve tiempo (aunque no comodidad) para hacer un repaso a lo que había sido nuestro viaje por Eslovaquia. Imaginaros el momento: en el rellano, nada más subir las escaleras desde el arcén, al lado del baño y entre las puertas del vagón. Allí, entre mochilas y gente dormiendo, estamos tirados por el suelo porque el vagón está repleto. Os podéis hacer una idea, no muy cómodo el lugar, pero me lance con unas líneas. De todas formas, no adelanto todos los acontecimientos, que ya habrá tiempo para transmitir de manera más sosegada lo que ha dado de sí el viaje (igual os cuenta también esto del viajecito en tren).

Eslovaquia, la ruta


Dos días en Bratislava para conocer los encantos de la ciudad y sus contrastes; para perderse y encontrarse por sus calles. De aquí, con nuestro bólido alquilado, tomamos dirección este para conocer el país. Campos de cereal, cultivos de girasol y maíz se suceden frente a la ventanilla. Eslovaquia Central está cubierta de frondosos bosques. Conforme nos movemos nuestra vista se fija en montañas sobre el horizonte: los Tatras Occidentales, los más suaves Bajos Tatras, Malá Fatra y Veľká Fatra, y, ya más lejos, los Altos Tatras (más adelante nuestro destino); y en castillos que culminan pequeñas colinas y que salpican todo el país, por ejemplo el de Bojnice, en el que paramos, y que por ahí lo describen como de cuento de hadas. Así llegamos a Banská Štiavnica, una pequeña ciudad minera enclavada en las montañas, con el gran encanto, y poderío, que le debieron dar épocas pasadas, muy prósperas, de veta fértil. De nombre parecido, pero esta más grande, Banská Bystrica, con su plaza colorida con obelisco de insignia soviética, recuerdo de un pasado turbulento reciente, y con su museo del Movimiento Revolucionario Eslovaco de edificio muy soviético. La siguiente parada ya en los Altos Tatras, zona más alta de la cordillera de los Cárpatos. Sus montañas alpinas, de cimas rocosas que se transforman en frondosos bosques con floridos claros. En estas montañas el pico Kriváň aún no siendo el más alto (prestigio que ostenta el Gerlachovský) es un símbolo de la cordillera y de toda Eslovaquia. Más al sur encontramos otro paraje natural, Slovenky Raj, "Paraiso Eslovaco". Bosques de Pino y caducifólios, recorridos por ríos en una red de cañones y barrancos. Continuamos el road trip, al fondo sobre la colina las ruinas del Castillo de Spiš, así llegamos a la acogedora ciudad de Levoča. Van pasando los días y necesitamos un cambio de registro, nos acercamos a Liptovský Mikuláš, lugar donde se encuentra el complejo turístico de Tratalandia; aguas termales, saunas, acuapark con toboganes, piscinas, música, chiringuitos... Caen los días y hay que pensar en cerrar el círculo en Bratislava, siguiente parada Trenčín, pero antes sobre las ventanillas del coche van pasando bellos valles, de bosques frondosos y ríos caudalosos paralelos a la carretera, cruzamos Malá Fatra y Veľká Fatra. Vigilando Trenčín, su castillo, sobre lo alto, da una idea de la importancia histórica del lugar. Camino de Bratislava, Trnava, la ciudad más antigua de Eslovaquia. Los bosques que nos han acompañado durante buena parte del recorrido dan paso de nuevo a los cultivos de cereales. Pasamos por los Pequeños Cárpatos, por el sur, zona vitivinícola del país, para cerrar nuestra ruta de nuevo en Bratislava.


#1 Bratislava, encontrando a la Belleza del Danubio
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4 de agosto de 2010

En ruta: Eslovaquia & Polonia

En ruta: Eslovaquia & Polonia


Cuando estéis viendo esto estaremos en ruta camino de Eslovaquia, de su capital: Bratislava. Como podéis ver el mapa está aún en blanco esperando iniciar la andadura. Lo único claro es que la ruta comenzará en Eslovaquia, en Bratislava; y que terminará en Polonia, en Cracovia. Por medio semana y media para recorrer ciudades barrocas, medievales...callejear, explorar... ¿Qué garitos encontraremos? Semana y media para perdernos por los bosques de coníferas, para ascender algunos de los picos de los Altos Tatras; para visitar los innumerables castillos que salpican el lugar...

Puesto que Eslovaquia y Polonia están dentro de la órbita de los vuelos low cost no es nada complicado llegar. De Madrid a Roma y de Roma a Bratislava en nuestro caso. Luego, allí estamos barajando alquilar un coche para movernos, aunque no debe ser complicado desplazarse en autobús o tren.

Puesto que, como podéis ver, todo está en el aire y lo único claro es el incio y fin del viaje. ¿Alguien nos aconseja qué visitar? ¿lo qué no nos podemos perder?

Os paso un enlace por si alguíen quiere profundizar.

Os iremos informando: Facebook / Twitter

29 de julio de 2010

"Los Tres Grandes": Montejurra, Monjardín y Belástegui



Cuando te acercas a Estella, sobre el horizonte, al margen de las sierras más al norte, destacan sobre todo tres elevaciones: Montejurra, Monjardín y Belástegui. Cercanas las tres, pero no tanto, o sí, quien sabe. La cuestión es que en estas tardes-noche de cerveza en mano y ambiente fanfarrón, surge esto de "los tres grandes"; que si no eres capaz de, que si tu qué te has creido, que mira qué me pongo a entrenar y le ponemos fecha. La cuestión es que tras ser el recurrrente comentarío irrisorio, todo desembocó en una quedada para la excursión. Y se le puso fecha: 20 de junio. Esta vez será andando, ¿para la próxima trotando?


La salida
Desde Estella, más concretamente desde su monumento al auroro, lugar de encuentro, de despedida, y km 0 de esta excursión. Y no son horarios de tales, que no veo a nadie con el farolillo, lo nuestro no parecen ser los madrugones. Dos, tres, seis ... parece que la convocatoria ha sido importante, quién lo iba a decir. Foto de batallón frente al auroro, no se hable más y manos a la obra que por delante tenemos unas cuantas horas de caminar.

Rumbo a Montejurra
Enfilamos el camino a Ayegui, como se empiezan estas "gestas", entre pitorreos y recuerdo de anécdotas pasadas, seguro que el día de hoy será también próspero en aventuras y desventuras. Luego, habrá momento para el silencio, el pensamiento, el suspiro, la queja... el guiño, la sonrisa, la alegría y la cerveza final, pero bueno, no vayamos adelantando acontecimientos, todo a su momento, ya habrá tiempo de pensar en la cerveza cuando nos la hayamos ganado. En fin, que nos vamos por otros derroqueros. Quería adelantaros algo antes de que lleguemos a la ermita de Montejurra; el día en que vamos a subir coincide con San Gerbas, lo que quiere decir que allá arriba tendremos el tradicional anuncio del cartel de toros de Fiestas de Estella y el almuerzo posterior obsequio del Ayuntamiento. Casualidades de la vida ¿no? Lo mismo pensé yo.

Subimos a Montejurra por el llamado Camino de las Cruces, que asciende de manera rápida –salvo que vayas rezando el vía crucis y te pares con padrenuestros en cada una de las cruces que salpican el camino– hasta que llegamos a la ermita de San Cipriano. Ya en los últimos metros se empieza a oir el barullo de la gente. ¡Qué llegamos tarde y nos perdemos el anuncio del cartel! Los entendidos corean el anuncio: "bueno, bueno...". Sinceramente, yo me quedo con el almuerzo de después. Qué no se despiste nadie, que esto acabo de comenzar y por delante tenemos aún "dos grandes" más.

De la ermita pasamos al pico principal. Estamos en la cima de montejurra, buena atalaya de lo que es esta zona; al norte la montaña y al sur una planicie salpicaca por campos de cultivo que van tornando a colores cada vez más dorados. Al lado se divisan las ruinas del castillo de Monjardín sobre la montaña. No está muy lejos parece.

Hacia el Castillo de Monjardín
Vamos descendiendo de Montejurra, camino del pueblo de Villamayor, al pie de la colina con la roca sobre la que se asienta la fortaleza del siglo X –Ha llovido algo–. Ya aquí dejamos la pendiente descendente para sudar un poco camino de la cima de Monjardín jalonada por el castillo. Como no podría ser de otra forma aquí el grupo se despista y llegamos desperdigados; había que tocar el primero la campana del castillo, se ve. Llevamos ya 3 horas y media de caminata bajo el sol, y creo que nos habremos ganado la comida. Sacamos los bocatas y.... falta algo, algo fresco, helado.... Qué decir, tardará tiempo en olvidarse la entrada triunfal de Galdeano por el portalón del castillo con sus hielos y botella de cocacola. ¡Qué grande! Por cierto, casualidades de la vida, pero aquí también se sube hoy en romería, y el castillo está concurrido de gente que ha subido desde Urbiola.

Belástegui, el desenlace
Desde Monjardín se divisan también buenas vistas, pero toca mirar a lo que toca; al fondo se ve Belástegui con sus antenas. Un poco lejos diría yo. Pero como camino se hace al andar, como suelen decir, nos ponemos en marcha. Bajamos dirección a Labeaga, pero no llegamos a entrar al pueblo sino que vamos "acortando" hacia Iguzquiza. El "acortando" lo pongo entrecomillado porque me llevo la impresión de que hemos hecho algún kilómetro de más. Y a lo lejos sigue Belásteguí, y nosotros caminando a la par del río pensando en la cerveza fría que nos vamos a echar cuando todo esto termine, lo que viene siendo una jarra de cerveza helada...que se me cae la baba. Y mientras tanto el perro de Chasco refrescándose en los canales de agua, mira que me meto yo ahí.

Haciendo camino hemos llegado a Zubielqui por la pista que discurre paralela al río Ega. Llevamos andando 6 horas y media, y las piernas empiezan a acusarlo. ¡Pero como lo acusan! Aquí llega la traca final, desde el mismo Zubielqui parte la senda que asciende a las antenas de Belástegui. Una estrecha senda, empinada, y que no parece dar descanso después de la que llevamos ya encima. Momento de sacar fuerzas de flaqueza, que el pescado está ya vendido. Estamos en la cima de Belástegui, y ahora vamos a cerrar el circulo. 8 horas y diez. Nos espera una buena cerveza en Estella, ¿os acordáis de ella?, con la sonrisa en la cara y la convicción de que el año que viene repetiremos. ¿Por cuando toca San Gerbas el próximo año?


"Los Tres Grandes" en imágenes

Subiendo a Montejurra
Subiendo a Montejurra

Anuncio Cartel Taurino por San Gerbas
Anuncio Cartel Taurino por San Gerbas

En Montejurra, hacia Monjardín
En Montejurra, hacia Monjardín

Hacia Monjardín
Hacia Monjardín

Llegamos a Villamayor de Monjardín
Llegamos a Villamayor de Monjardín

Bajando de Monjardín
Bajando de Monjardín

Fuente en Labeaga
Fuente en Labeaga

Subiendo a Belástegui desde Zubielqui
Subiendo a Belástegui

En la cima de Belástegui
En la cima de Belástegui

El desenlace
El desenlace