8 de agosto de 2009

La barroca Vilna

El traqueteo monótono del destartalado autobús que nos lleva, crea un ambiente somnoliento, que ya ha empezado a hacer mella en el grupo. Miro hacia atrás, dos cabezas ladeadas, Galdeano y García, que no han podido resistir el influjo hechicero. Al lado, Txanan sonríe, como queriendo decir “yo resisto aún”.

Nos vamos alejando de Vilna. Me llevo la impresión que un par de días para visitar la zona pueden no haber sido suficientes. Pero, ¿qué es suficiente?; estamos alargando el trazo sobre esta Región Báltica, rescatando experiencias y momentos, perdidos en el azar, que delicadamente guardaremos en el baúl de los recuerdos. Seguimos pescando en el camino, eso es lo que cuenta.

Han sido un par de tardes-noches respirando el aire de Vilna, esa alma que dicen tiene la ciudad. Y una mañana larga en Trakai; pueblo cercano a Vilna, a orillas de un lago. Un castillo, al modo de los de hadas, con sus reflejos rojizos sobre las aguas, da el encanto al lugar. Tan de hadas que todas las novias de la región quieren hacer aquí sus reportajes fotográficos, y están las orillas del lago llenas de mujeres de blanco seguidas del novio, fotógrafo y séquito de familiares y amigos.

Trakai


Vilna es la capital de Lituania. Entre sus calles se encuentra el casco antiguo barroco más destacado de Europa. Sus calles cautivan: edificios destacados por doquier; colores, tonos diferentes en cada pared; suelos adoquinados, iglesias a cada esquina; y un cierto aire bohemio, que se respira y se observa en detalles que salpican sus calles.

Tallinn


Al lado de la colina de Guedimín, tres cruces contemplan como el sol cae sobre el horizonte. Los últimos rayos van difuminándose, las últimas sombras vespertinas de los edificios van desapareciendo y Vilna va dando la bienvenida a la noche. Abajo, las cúpulas de las iglesias católicas y ortodoxas asoman por encima de la línea de la ciudad, un edificio soviético destaca en el horizonte y el extenso cúmulo de edificios de la ciudad van desapareciendo en la oscuridad. Buena forma de cerrar nuestra visita a la ciudad.

Miraremos hacia adelante. Siguiente parada: Siauliai y su colina de las cruces. Ahora, sigue el traqueteo del autobús, me ha empezado a dar el sol y me están empezando a pesar los párpados. Atrás, ya no queda nadie despierto, y yo, creo, que me rindo al influjo hechicero.



Post correspondiente a la serie "Periplo por los Países Bálticos

1. Kaunas: primer día en Lituania
2. El momento
3. La barroca Vilna
4. El socialismo de Vilnius
5. La Colina de las Cruces
6. De playeo a Palanga
7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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