18 de agosto de 2009

Periplo por los Países Bálticos

Peripo por los Países Bálticos


El avión avanza sobre el Mar del Norte, atrás quedó el Mar Báltico, que tanto nos ha acompañado en las últimas dos semanas, y que tanto recordaremos.

Lituania, Letonia y Estonia, ex repúblicas de la hoz y el martillo, que abrazaron a Europa, y parece que no les está yendo nada mal. Puede ser, que hace unos años no estuvieran tan europeizadas, y durante el dominio soviético, que vamos a pensar; pero, aún hoy, tienen sus rasgos, propios de la historia turbulenta que les ha deparado el destino, y merece la pena conocerlos antes de que se extingan. Les tocó de lleno la Segunda Guerra Mundial, y sus ciudades tuvieron que resurgir de los escombros; sus gentes, renacer.

Recorriendo Lituania: de la mafiosa Kaunas a la barroca Vilna; luego, rumbo a la costa, pasando por la inquietante Colina de las Cruces. La bulliciosa y masificada Palanga, la insípida Klaipeda y el curioso Istmo de Curlandia.

Rumbo a Letonia: la resurgida Riga, y esa alma que atrapa.

Levando anclas y dirección norte, Estonia: la medieval Tallin y el Viejo Tomás; la rusa, aunque en Estonia, Narva; el declive del complejo vacacional de Narva-Joessu, y su lado fascinante; los bosques sobre el mar en el Parque Nacional de Lahemaa.

Cruzamos el Báltico y última parada de este tren: Helsinki.

Esto se acabó, el avión ha comenzado a descender, ya se ve Londres a lo lejos. Será una pequeña escala para llegar a casa.


1. Kaunas: primer día en Lituania

2. El momento (by García)

3. La barroca Vilna

4. El socialismo de Vilnius (by García)

5. La Colina de las Cruces

6. De playeo a Palanga

7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia

8. La resurgida Riga

9. La medieval Tallinn

10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...” (by García)

11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia

12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar

13. Helsinki: última parada

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17 de agosto de 2009

Helsinki: última parada

El capitán informa que el ferry está entrando en el puerto de Helsinki. Dos horas escasas nos ha costado cruzar el Mar Báltico, de Estonia a Finlandia, en la comodidad de esta mini ciudad flotante. Atrás quedaron los ajetreos de Tallin, cuando un mensaje de texto nos informó que nuestro barco había cancelado el viaje. En principio, coger otro barco, retrasaba nuestra llegada a Helsinki; por otra parte, no teníamos reservado ningún lugar donde dormir, y todo parecía bastante ocupado. Mala pinta, inoportunos problemas del directo. Al final, todo sobre ruedas: barco con mismo horario y alojamiento.

No tenemos mucho tiempo para ver la ciudad, aunque, según lo que nos han comentado, con poco basta. Eso nos constatan un grupo de bilbaínos, con los que bajamos del ferry, aunque bien parece que estos solo han visitado la ciudad de noche.

Recorremos un par de calles, bien cosmopolitas. Nos acercamos al corazón de Helsinki; al fondo, la Catedral Uspenski; abajo, el puerto, que parece llegar hasta el mismo centro de la ciudad; al lado, la plaza del mercado. Raíles de tranvías por los suelos adoquinados, carriles de bicis en cada calle, barcos fondeando en el puerto. Un poco más allá, la Plaza del Senado, con unas escalinatas que llevan a la Catedral de Helsinki, en lo alto.

Helsinki


Terminamos nuestro día en Helsinki en un bar, con su concierto. Jóvenes, con sus uniformes de almirantes, marineros, o lo que sea, parece que van a terminar con la cerveza del local. Que imagen más peliculera.

Mañana cogeremos el vuelo de vuelta a casa, con parada en Londres. Esto se acaba.


Post correspondiente a la serie "Periplo por los Países Bálticos

1. Kaunas: primer día en Lituania
2. El momento
3. La barroca Vilna
4. El socialismo de Vilnius
5. La Colina de las Cruces
6. De playeo a Palanga
7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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16 de agosto de 2009

Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar

La tormenta arrecia sobre la península de Juminda. Una pista nos ha llevado hasta este extremo de tierra, donde un faro sobresale entre los pinos, a escaso trecho del agua. Toda la zona pertenece al Parque Nacional de Lahemaa; el más antiguo y extenso de Estonia. Costa, lagos, ríos, ciénagas se combinan para sobrecoger.

Parque Nacional de Lahemaa


Los bosques de pinos compiten junto al mar por la tierra, llegando estos hasta las mismas aguas de la Bahía de Kasmu. Los rayos del atardecer se filtran entre los troncos de los árboles, alguna mole de roca destaca en la estampa; son “errantes”, rocas arrastradas por los glaciares desde Escandinavia en otra época. Un sendero nos permite recorrer la zona, y el tiempo parece que ha aguantado.

Sin embargo, ahora, las cuatro gotas que caían sobre la península de Juminda, han empezado a arreciar, empiezan a mojar, a calar. Las zancadas que pegamos no evitan que nos estemos empapando y aún queda por llegar al coche. El día se ha vuelto gris, quizás este sea el ambiente que tenía la zona en un pasado. Uno puede remontarse; en la Bahía de Kasmu fondea buena parte de la flota de la república, la zona está ocupada militarmente, toda la costa se encuentra recorrida por una alambrada de espino, minas protegen los puntos estratégicos. Sobre el mundo cabalga el fantasma de la Segunda Guerra Mundial.

Ahora, los tiempos han cambiado. Al fondo, un monumento conmemora la memoria de miles de civiles que fueron asesinados en la guerra, por las minas y barcos alemanes, cuando intentaban huir del país en 1941. Una piedra central grabada, rodeada de las minas que tanto sufrimiento causaron. El fuerte viento crea torbellinos de agua alrededor de las rocas de la costa y las minas del monumento, el mar ruge. Buen momento para salir “pitando”, todos al coche y tira millas, a Tallinn. Saludaremos de nuevo al Viejo Tomás.



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1. Kaunas: primer día en Lituania
2. El momento
3. La barroca Vilna
4. El socialismo de Vilnius
5. La Colina de las Cruces
6. De playeo a Palanga
7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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15 de agosto de 2009

Narva: a cuatro brazadas de Rusia

Cambiamos de medio de transporte, para ganar en libertad. La idea es recorrer la costa norte de Estonia, en nuestro recién alquilado Clio, hasta Narva, frontera con Rusia. Ponemos el piloto automático y en unas horas estaremos en destino. Esto era broma, pero bien podía ser en alguna de las rectas interminables que hay por aquí.

Narva


Un río separa la ciudad más oriental de Estonia, Narva, de Ivangorod, ya en Rusia. En cada orilla, un castillo fortificado desafía, a la corta distancia del estrecho río Narva. La ciudad aún conserva su estatua de Lenin y muchas de las indicaciones las veo en ruso. Parece el último reducto ruso en suelo de Estonia. Me pregunto, hacia el 91, como habría afectado la frontera que nacía en el río. Familiares, amigos o conocidos, que, de un plumazo, pasaban a tener otra nacionalidad, eran extranjeros por vivir en la otra orilla.

Al norte de Narva se encuentra Narva-Joessu; un centro vacacional que a partir del s.XIX tuvo su esplendor y que, actualmente, se encuentra en decadencia. Casas desperdigadas, edificios abandonados. Se oye el sonido de un chiringuito, que intenta dar un poco de vida al lugar, sin mucho éxito. Pero que pasa, que es sábado.

Atardecer sobre el Báltico


Se respira calma, a pesar del viento que se levanta, frío aire que penetra por nuestros abrigos. La playa está desierta. En la lejanía, el sol se abraza al horizonte, los rojizos halos de luz se difunden por las aguas del Báltico, vistiéndolas de color y brillo. Al fondo de la playa, unas luces nos muestran otro chiringuito. Buen lugar para cenar. Una chica nos atiende. La carta en ruso, ella no habla inglés. Sonrío, creo que al fin vamos a ver la otra Estonia. Dispuesto, como en otras ocasiones, a confiar en la intuición, cojo la carta, pero me acercan otra, está en inglés. Que pena, iba a ser interesante.



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1. Kaunas: primer día en Lituania
2. El momento
3. La barroca Vilna
4. El socialismo de Vilnius
5. La Colina de las Cruces
6. De playeo a Palanga
7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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"Bueno gente, esto se está empezando a acabar..."

BY JAVIER GARCIA
(García nos deleita, una vez mas, con sabias palabras)

El concierto está llegando al final y el público es consciente de ello. Robe coge el micro y grita: "bueno gente, esto se está empezando a acabar... pero todavía no se ha acabado del todo". En esas estamos, una canción llega al fin en Narva-Joessu, sonará otra en el Parque Natural de Lahemaa, y por último los bises en Helsinki y Londres. Ya hemos perdido a uno de los integrantes del viaje, que a estas horas, probablemente, esté disfrutando de la noche zaragozana. La marcha de este individuo, cuatro días antes que el resto, ha provocado que el grupo se replantee la ruta a seguir. En un principio, los itinerarios comunes por estos tres países, y dos semanas de duración, apuntan a recorrer toda la costa oeste de los Países Bálticos, hasta llegar al Cabo de Kolka, el cual separa las aguas bálticas de las del Golfo de Riga. Sin embargo, decidimos abandonar el suroeste de la costa en dirección a Riga por el interior y, tras visitarlo, rumbo a Tallinn. Cuatro días intensos por dos ciudades con ciertas similitudes; cascos antiguos adoquinados, coloridos edificios y el retumbar de las guerras, que se hace eco al pasear por sus calles y en gran cantidad de museos. Dos ciudades que bien merece la pena visitar. Ha destacar el concurrido mercado de Riga y el ambiente medieval que transmites las estrechas y decoradas calles de Tallinn.

Ya sin Galdeano, cambiamos de medio de transporte. El Renault Clio se hace más pequeño que los autobuses que cogíamos hasta ahora, y nos acerca hasta Narva-Joessu, recorriendo la costa norte hasta chocar con Rusia. La mayoría del trayecto se lo traga Txanan, pues a Edu y a mí nos costó un poco más encontrar, la noche anterior, el camino al albergue. Entre cabezada y cabezada, la misma recta en la misma llanura. Ser ingeniero de Carreteras y Caminos en estos tres países no tiene que tener mucho misterio: coges la ciudad A, luego, la ciudad B, con la que la quieres unir, y haces una recta. Tarea terminada. Los túneles y curvas quedan para los que vayan a trabajar en el extranjero, por lo que no entran en examen.

Narva-Joessu me transmite unas agradables sensaciones. Lugar ex-turístico, que conserva muy bien cuidada su boscosa playa y que invita a pensar como transcurrirá aquí el crudo invierno, en estos solitarios y semiabandonados parajes.

Es hora de dormir. Ya escucho la canción que sonará mañana: "quisiera que mi voz fuera tan fuerte, que a veces retumbaran las montañas..."



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3. La barroca Vilna
4. El socialismo de Vilnius
5. La Colina de las Cruces
6. De playeo a Palanga
7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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La medieval Tallinn

Puerto de Tallinn


Llegados de Riga en autobús, arribamos a un Nuevo Puerto: Tallinn; tercera capital báltica para el zurrón. Ahora, con las tres, uno aprecia las diferencias: la barroca Vilna, la resurgida Riga del art noveau y la medieval Tallinn. Medieval por excelencia: ciudad amurallada, calles adoquinadas, edificios de antaño…

Cuenta la leyenda que, todas las primaveras, los nobles ponían a prueba su pericia y gallardía como arqueros, intentando derribar un papagayo de madera de un alto poste. Ese año el concurso iba a quedar desierto, pero, de entre la multitud, un joven de familia humilde logró acertar en la diana. Se suponían problemas como castigo a su osadía, pero, sin embargo, la realidad fue otra: fue hecho guarda aprendiz, luego, sirvió como soldado hasta viejo, y fue héroe en la guerra de Libonia. Mucho tiempo después, los habitantes empezaron a decir que el soldado de espeso bigote que, como veleta, coronaba la torre del ayuntamiento se parecía a su querido héroe, y empezaron a llamarle Vana Toomas, -Viejo Tomás-, siendo, en la actualidad, el símbolo de la ciudad.

Tallinn, plaza del ayuntamiento


Caminando por la plaza, uno se puede remontar al pasado. El ayuntamiento con su alta torre preside el concurso, alrededor, las casas mercantiles completan la estampa medieval. Los nobles suben pavoneándose a probar suerte, viéndose esquiva. El griterío de la multitud se desvanece con cada intento fallido. De repente, una flecha sale de no se sabe donde y surca el cielo hasta derribar el papagayo de madera. El desconcierto inicial da paso a una ferviente ovación al conocer al artífice; era uno de ellos.

Han sido dos días visitando la ciudad, recorriendo sus coloridas calles, empapándonos del alma medieval. No podíamos poner fin a la estancia de Tallinn sin sumergirnos en su noche, pura curiosidad antropológica, ya saben. Ahora levamos anclas rumbo a otro puerto: Galdeano vuelve a casa y el resto del grupo sigue su periplo por la costa norte de Estonia. Adiós Viejo Tomás.



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7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
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13. Helsinki: última parada

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13 de agosto de 2009

La resurgida Riga

Como está siendo norma en este viaje, aprovecho los aburridos ratos de autobús para dedicarme al arte de las letras y plasmar en unas líneas, lo que, más tarde, pueda llevarse el olvido. El autobús avanza camino de Tallinn, atrás ha quedado la frontera letona, y, a estas alturas, avanzamos, a muy buena marcha, por suelo de Estonia. Buen momento para hacer balance de lo que han dado de sí los dos últimos días en Riga.

La capital letona se encuentra en la llanura del río Dangava. Desde que, hacía siglos, comerciantes e invasores escandinavos usaban el pueblo pesquero de Latgal, situado donde hoy en día se halla Riga, la historia no ha sido piadosa con esta ciudad. Conforme la misma iba pasando de mano en mano: alemanes, suecos, rusos, de vuelta alemanes, rusos; sus edificios se desmoronaban por las contiendas y volvían a resurgir de entre las ruinas. Choca, el hecho, que algunos de los edificios emblemáticos de la ciudad, como la Casa de las Cabezas Negras, hayan sido recientemente reconstruidos desde los cimientos, y cuentan con escasos años de antigüedad.

Riga


Dos días en esta ciudad han dado como para empaparse de su ajetreada historia, magnífico casco antiguo y bullicio cosmopolita. Perderse por sus coloridas calles y callejuelas, contemplar la ciudad desde el imponente chapitel de la Iglesia de San Pedro, visitar los museos de la guerra y de la ocupación, y constatar la historia tan trágica que ha vivido el pueblo letón; observar las líneas tan soviéticas que tiene la estatua de los fusileros, preguntarse si esto o aquello es a lo que se refieren como art noveau de Riga, alzar la vista sobre el Monumento a la Libertad, echar unas cervezas con la compañía de los zaragozanos que habían venido a la boda de un amigo y un etc, etc, que hacen que me vaya con muy buen sabor de boca.

La última señal marcaba 120 km a Tallinn, próxima parada. El autobús sigue su marcha y yo cierro estas líneas, leeremos algo del nuevo destino.



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10 de agosto de 2009

Klaipeda y el Istmo de Curlandia

A pocos kilómetros al sur de Palanga, se encuentra Klaipeda; tercera ciudad de Lituania, que antaño fue la capital de Prusia, como Menel. Posteriormente, ciudad portuaria utilizada en la Segunda Guerra Mundial como base marina de submarinos. En otro orden de cosas, es la entrada al Istmo de Curlandia; lengua de arena de 40 km de longitud, que une Klaipeda con Kaliningrado, en Rusia, con pequeños pueblos como Joudkrante o Nida, en el extremo de esta parte de Lituania, a 3 km de la frontera.

Aquí, hemos encontrado un hotel que no tiene desperdicio, Hotel Viktorija. A este edificio, hoy destartalado, de pasillos tenebrosos, suelos entarimados que resuenan a cada paso, aún se le supone un pasado que bien seguro fue distinto al que tiene en la actualidad. Hoy puede ser el escenario perfecto para una película de terror, sin embargo mi imaginación me lleva a un pasado en el que altos mandos se hospedarían en un lujoso hotel, con suelos de brillante entarimado e instalaciones a la última.

Klaipeda


El primer día en Klaipeda lo pasamos viendo lo poco que tiene la ciudad: la plaza principal, con una fuente central y su estatua y el balcón desde donde celebró Hitler la anexión de Menel a Alemania; y las “ruinas de las ruinas” de un castillo, hoy en día, sin ningún valor.

Al día siguiente, a cruzar en ferry la escasa franja de agua que separa Klaipeda del Istmo, a visitar toda la lengua de arena que discurre hasta Rusia y comprobar que en la actualidad de salvaje le queda poco.

El día dio bastante de si; la colina de las brujas, en Joudkrante, con su bosque de pinos lleno de esculturas de diablos, brujas, gnomos, dragones monstruos varios; la visita a Nida, con una pequeña incursión a sus dunas. Hasta encontramos una pequeña mini colina de las cruces. También había que pisar la arenas de la playa y bañarse en el Báltico.

Istmo de Curlandia


Ahora cambiamos la playa por la ciudad. El autobús avanza rumbo a Riga, ya en suelo letón, en pocas horas estaremos en la capital de Letonia.



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8 de agosto de 2009

De playeo a Palanga

El día ya está llegando a su fin, cuando llegamos a Palanga. No íbamos a dejar de visitar el lugar, la guía tiene la culpa: “fiesta loca en Palanga: beber y bailar toda la noche y admirar luego el amanecer desde el muelle”. Como borreguitos.

A día pasado, puedo pensar: llegar a esas horas sin alojamiento puede no ser lo más oportuno; pero, en su momento, cuando ya nos veíamos durmiendo en la playa y aparecía la sonrisa de impotencia, tras cada hotel, casa, hostal... que nos cerraba la puerta por “lleno”, “lleno”..., los pensamientos eran más sangrantes.

“Chavales, yo me rindo, no hay donde dormir, a la playa”, nos decía un americano, que ya había desistido. Pero la cabezonería navarra tenía que dar sus frutos: un taxista que te lleva a otro, que te manda a una esquina de la calle, donde suelen ofrecer habitaciones. Y así, encontramos nuestra preciada habitación in extremis.

Palanga es una ciudad muy turística, centro vacacional con playas llenas de gente, calles abarrotadas. La masificación playera, que bien conocemos. Muchas cosas de estas, creo que no las decía la guía.

Por cierto, si terminamos en una discoteca toda la noche, aunque no admiramos luego el amanecer desde el largo muelle de la playa.



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La colina de las cruces

Llegamos al fin a Siauliai, tras cuatro horas desde Vilna. Tiempo justo para visitar la colina de las cruces y echar a correr camino de Palanga. Un taxi nos acerca al lugar.

Colina de las Cruces


Un sinfín de cruces, agolpadas, entrelazadas en una estampa que asciende colina arriba. Cruces sobre cruces, adornos, rosarios..., todo enmarañado, crean una imagen impactante del lugar. ¿Quién pondría la primera cruz? Puede ser la pregunta, o ¿por qué? Como suele ocurrir en estos casos, la leyenda suele sumarse a la realidad, para poner el alo místico. Al margen de elucubraciones varias, por aquí leo, que por el siglo XIV aparecieron las primeras cruces para expresar el sufrimiento del pueblo, entonces bajo el yugo de los zares rusos. A estas cruces se fueron sumando otras y el campo fue creciendo, a pesar que en varias ocasiones fue destruido. La cruz pasó a considerarse un símbolo de resistencia a la opresión soviética, perdió su simbolismo religioso para incluirse dentro de la simbología pagana.



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La barroca Vilna

El traqueteo monótono del destartalado autobús que nos lleva, crea un ambiente somnoliento, que ya ha empezado a hacer mella en el grupo. Miro hacia atrás, dos cabezas ladeadas, Galdeano y García, que no han podido resistir el influjo hechicero. Al lado, Txanan sonríe, como queriendo decir “yo resisto aún”.

Nos vamos alejando de Vilna. Me llevo la impresión que un par de días para visitar la zona pueden no haber sido suficientes. Pero, ¿qué es suficiente?; estamos alargando el trazo sobre esta Región Báltica, rescatando experiencias y momentos, perdidos en el azar, que delicadamente guardaremos en el baúl de los recuerdos. Seguimos pescando en el camino, eso es lo que cuenta.

Han sido un par de tardes-noches respirando el aire de Vilna, esa alma que dicen tiene la ciudad. Y una mañana larga en Trakai; pueblo cercano a Vilna, a orillas de un lago. Un castillo, al modo de los de hadas, con sus reflejos rojizos sobre las aguas, da el encanto al lugar. Tan de hadas que todas las novias de la región quieren hacer aquí sus reportajes fotográficos, y están las orillas del lago llenas de mujeres de blanco seguidas del novio, fotógrafo y séquito de familiares y amigos.

Trakai


Vilna es la capital de Lituania. Entre sus calles se encuentra el casco antiguo barroco más destacado de Europa. Sus calles cautivan: edificios destacados por doquier; colores, tonos diferentes en cada pared; suelos adoquinados, iglesias a cada esquina; y un cierto aire bohemio, que se respira y se observa en detalles que salpican sus calles.

Tallinn


Al lado de la colina de Guedimín, tres cruces contemplan como el sol cae sobre el horizonte. Los últimos rayos van difuminándose, las últimas sombras vespertinas de los edificios van desapareciendo y Vilna va dando la bienvenida a la noche. Abajo, las cúpulas de las iglesias católicas y ortodoxas asoman por encima de la línea de la ciudad, un edificio soviético destaca en el horizonte y el extenso cúmulo de edificios de la ciudad van desapareciendo en la oscuridad. Buena forma de cerrar nuestra visita a la ciudad.

Miraremos hacia adelante. Siguiente parada: Siauliai y su colina de las cruces. Ahora, sigue el traqueteo del autobús, me ha empezado a dar el sol y me están empezando a pesar los párpados. Atrás, ya no queda nadie despierto, y yo, creo, que me rindo al influjo hechicero.



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13. Helsinki: última parada

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El socialismo de Vilnius

BY JAVIER GARCIA
(García nos deleita con nuevas palabras)


Abandonamos Vilnius con un buen sabor de boca. El aspecto de las calles y edificios es bastante más agradable que las viejas aceras de Kaunas. El conjunto barroco, del que habla la guía, debe hacer referencia a la variedad de colorido y gran número de decoraciones de los edificios.

Visitamos los puentes de los candados, entre los cuales se encuentra el bohemio barrio de los artistas. Curiosa la tradición de los matrimonios lituanos, que cerrando un candado en la barandilla de un puente y deshaciéndose de la llave, intentan que el matrimonio dure para siempre. Pero la realidad aplasta a la ilusión y el 54 % de los candados ya no cumplen con su función.

Bonita catedral, buenas vistas contemplando el atardecer lleno de mosquitos desde la colina de las tres “reconstruidas” cruces e impresionante el reconstruido castillo de Trakai. Aquí la mayoría de las cosas se construyen y se reconstruyen a consecuencia del zarandeo del país entre la derecha nazi y la izquierda soviética.

Dos pequeñas espinas me llevo clavadas al dejar atrás esta ciudad. Una, madrugando un poco más, podríamos sacarle más partido al viaje; y la otra, bastante mayor, no haber visto la iglesia de ensueño, con verdes cúpulas, que pudimos observar desde el mirador. Edificio ortodoxo del que espero ver alguno de sus hermanos, en siguientes ciudades que tenemos pendientes.

Pero mejor recuerdo que la ciudad en sí, me deja la parte social de estas dos jornadas. Será difícil, que el destino siga ofreciéndonos todos los días gente con la que compartir las cervezas de final de jornada. Nos acordaremos de la raspada de viaje que llevaban Irache y Nekane, y de cuantas estrellas se tuvieron que juntar para que, al doblar la esquina que nos dejaba en la calle principal de Vilnius, nos encontráramos de bruces con un ciudadano estellés y su novia. “Hombre Imanol, ¡la ostia! Qué tal os va por aquí, ¿vamos a la catedral? ¿O qué?, ¿Y a las cruces? Habrá que cenar algo, ¿no? ¿Echamos una cerveza de postre?” “Si, hombre, si”. Y tras la visita nocturna de todos los estelleses al rostro de Fran Zappa, la despedida. Tal vez nos volvamos a juntar. Como diría Axier:
”igual si, igual no”.

Por último, intentaremos que nuestro nuevo amigo polaco, íntimo de Jan Urban y extécnico del Lieja de Varsovia, no quede en el olvido y nos acordemos de él, cuando Txanan reciba su libro.

Por todo ello, me quedo con la parte social de la que hablaba; el socialismo de Vilnius.



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7 de agosto de 2009

El momento

BY JAVIER GARCIA
(García nos deleita con unas palabras)

21.30, Old Town (albergue en Vilnius)

La situación actual me incita a colaborar con el blog de Edu. Sentado en el banco de madera del recogido balcón de este emblemático albergue, miro a mi izquierda como una pareja comparte una botella de vino. Un poco menos a mi izquierda, Edu actualiza su cuaderno, para en un futuro inmediato, actualizar su blog. Así gana en rapidez -me explica-, y así no se te olvida, abuelo –pienso yo-. A mi derecha, ya no esta nuestro nuevo amigo alemán y, por lo tanto, seguidor de Rammstein. Casualidad que me haya visto con la camiseta de este grupo, o no tanta casualidad. Le ha valido para zamparse unas patatas nuestras y darse a la fuga. Mas a la derecha, subiendo cuatro escaleras, veríamos al chef Txanan y a su pinche el Jetas, pero ver como rompen los huevos, y las magras con huevo acaban en revuelto, no me apasiona. Cenaremos fuera, Txanan manda. Pues vale. Las cervezas todavía no se han podido enfriar, así que sigo sin tener muchas cosas que hacer.

Flaño ha renovado por tres años, gritan de adentro. Me alegro, pero, ¿debería ser tan rápida la información? Te vas a la antigua URSS y, en unos segundos, te enteras de lo que ha ocurrido en nuestro territorio hace unas horas. Sería más sorprendente encontrarte con las noticias importantes a la vuelta, pero ya no es así.

Bueno, la cena ya está en la mesa, y el alemán ha vuelto. Así que a otra cosa. Hasta la próxima, si es que la hay.


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2. El momento
3. La barroca Vilna
4. El socialismo de Vilnius
5. La Colina de las Cruces
6. De playeo a Palanga
7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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5 de agosto de 2009

Kaunas: primer dia en Lituania

Algo parecido a una odisea, batallando por los aeropuertos europeos: Bilbao, Londres, Bremen, nos ha llevado a Kaunas; la segunda ciudad de Lituania. A duras penas, arrastrando nuestros cuerpos maltrechos por días de insomnia fiestera, aterrizamos en esta ciudad extensa y que queda al margen de los circuitos turísticos habituales.

Dos zonas de interés en Kaunas: el casco antiguo y la ciudad nueva. El casco antiguo, con su plaza mayor y cercano Castillo de Kaunas, o lo que queda de él; torre con murallas y pequeño foso. Muchas iglesias y monumentos, muchos de ellos cayéndose a pedazos. La ciudad nueva, con una plaza donde se sitúa la Iglesia de San Miguel Arcángel, de bruces con la imagen de Nike, Dios griego de la victoria, mostrando sin recato sus atributos; cuestión de polémica en otro tiempo.

Kaunas


La primera tarea encontrar un hostal. Tirando de guía, damos con un convento de la archidiosis católica lituana, que sirve de albergue. Situado en la plaza mayor de la ciudad, Rotušės aikštė, las vistas desde la habitación son privilegiadas con la plaza adoquinada franqueada por varias iglesias.

El sol ha desparecido, la pequeña siesta reparadora se ha alargado, logrando dar algo de energía a estos cuerpos maltrechos por el viaje. El tiempo de cenar ha pasado por estas calles, ha sido difícil encontrar un pequeño bocado. El bar es muy estiloso, suena de fondo “Fall to Pieces”. Bocado de sándwich, sorbo de cerveza, y entre tanto, en la tele, Slash levanta la guitarra con su chistera y ese aire chulesco. Parece que hemos hecho el día.



Post correspondiente a la serie "Periplo por los Países Bálticos

1. Kaunas: primer día en Lituania
2. El momento
3. La barroca Vilna
4. El socialismo de Vilnius
5. La Colina de las Cruces
6. De playeo a Palanga
7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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3 de agosto de 2009

La ardua tarea de preparar la mochila

De nuevo en la tesitura de preparar la mochila. Tan ardua tarea, que se me ha ocurrido ponerme a escribir antes de emprender semejante empresa; equipaje de 2 semanas concentrado en un equipaje de mano. No todo son inconvenientes, lo ligeros que vamos a ir luego. Hasta nos reiremos del "pringado” que a la llegada del avión se ha dado cuenta que su súper maleta no es todo terreno y debe cargar con ella por rutas imposibles, y eso sin salir de la ciudad. Bueno, que ante tal tesitura, y la pereza de acometer tal planificación; útil o no útil, necesario, prescindible, superfluo..., que mejor que darle a la tecla e irse haciendo a la idea. Los 50x40x20 cm de bolso de mano. "Imposible is Nothing".Dado el caso, todo es prescindible. Ojo, que nadie se me vaya sin documentación, en ese caso el recorrido iba a ser relativamente corto. Sin dinero, bueno, quien sabe, igual alguien se lanza de vagabundo por el mundo. En todo caso, “No problem”, siempre nos quedará la posibilidad de ir a lo "muñeco michelín", lleno de forros.

En estos momentos, es cuando uno se acuerda de la súper lista que se curro en tal o cual ocasión. Y revuelve cajones y cajones hasta dar con ella, y comprobar que no da más que para otros usos.

La lista