16 de julio de 2009

Marrakesh, la costa y rumbo al norte

Marrakesh, la costa y rumbo al norte


La línea, que comenzó como una tímida marca en el plano, se fue alargando, a medida que las anécdotas iban llenando el zurrón; y engrosando, con las experiencias del viaje.

A medida que el trazo va recorriendo Marrakesh, Essaouira, Fez... pasa por mi mente el bullicio de la plaza Djemaa el- Fna de Marrakesh, sus caóticos zocos; el duro azote del viento en Essaouira, el especial atardecer desde sus murallas; la concurrida medina de Fez, las impactantes cortidurías; los tonos azules y blancos de la medina de Chefchaouen; el estilo tan andaluz del Ensanche de Tetuán, los cansinos personajes que por sus calles me encontré; el Gran Socco de Tanger y el ambiente de sus calles.


1. Primer día en Marrakesh


2. Hacia la costa: Essaouira


3. Callejeando por Fez


4. Chefchaouen: a los pies del Rif


5. Tetuán: entre las montañas del Rif y el mar


6. Tanger: fin del viaje

11 de julio de 2009

Tánger: fin del viaje

Gran Socco de Tanger


Dejando atrás Tetuán, con cierto suspiro de alivio, despido la ciudad. Ha sido una corta estancia, pero asfixiante. Demasiados maleantes por sus calles.

En hora y algo arribaré al último puerto de este viaje. La última hoja en blanco para este diario particular, que hoy pone fin.

Tánger, flanqueando el estrecho de Gibraltar, tiene una historia repleta de invasiones constantes. El culmen fue la disparatada situación que vivió en torno a 1910 hasta la independencia de Marruecos, cuando su extensión se repartía entre Francia, Gran Bretaña, España, Portugal, Holanda, EEUU...; la interzona, se llamó. Fue una época sórdida de la ciudad, en la que reunió a todo tipo de personajes, desde la alta sociedad, artistas, escritores hasta maleantes, drogadictos, depravados...o combinaciones varias. Este auténtico ambiente hizo que se afincara en Tánger, a la salida de la segunda guerra mundial, la contracultura norteamericana; la “generación beat”.

Pocas horas he tenido para recorrer sus calles, pero hasta me ha sobrado tiempo. A estas alturas del viaje a uno ya no le quedan ganas de explorar todos los rincones de la medina. Con conocer que se cuece en su corazón me conformo, y como me hospedo en tal lugar, ello está asegurado. Un té tranquilo en el Gran Socco completan el día; da la casualidad que llegue a Marrakech junto con unas personas con las que vuelvo a coincidir en la vuelta en avión desde Tánger. Así que la despedida en Marrakech, cuando nuestros caminos se separaron, fue un hasta luego. Ahora, nos volvemos a encontrar, comentando lo vivido en el viaje, junto a un té, en la noche de Tánger, cuando nuestros caminos se vuelven a juntar.

El corazón de la medina de Tánger no se ha dormido aún. La madrugada parece no poner freno a sus latidos. A través de la ventana abierta de la habitación se cuelan los sonidos del Petit Socco; risas, cuchicheos, el estruendo de alguna verja que se cierra. Me asomo a la ventana; en la penumbra, una persona solitaria espera; varias suben la calle, personajes diría yo. Chanchullos, trapicheos. Parece que el fantasma de la época sórdida de la interzona aún vaga por estas calles.

Mañana, vuelta a casa, y así pongo fin a la última hoja en blanco de este diario particular, con el espíritu para abrir otro nuevo.




Post correspondiente a la serie "Marrakesh, la costa y rumbo al norte"
1. Primer día en Marrakesh
2. Hacia la costa: Essaouira
3. Callejeando por Fez
4. Chefchaouen: a los pies del Rif
5. Tetuán: entre las montañas del Rif y el mar
6. Tanger: fin del viaje

10 de julio de 2009

Tetuán: entre las montañas del Rif y el mar.

Medina de Tetuán


Nueva parada en mi periplo por el norte de Marruecos, y será la última antes de llegar a Tánger, donde daré por concluido el viaje.

Tetuán está marcada por su relación con España; fue zona de contacto con Andalucía y, posteriormente, capital del protectorado español, hasta que Marruecos logró la independencia. Todo ello se nota, sobre todo en una zona de la ciudad: el Ensanche, con edificios blancos coloniales y cierta amplitud en las calles. Hasta se ve ondear alguna bandera española, y la iglesia (Iglesia de Backuria), aún hoy, ofrece sus oficios en castellano.

En principio, debería ser una ciudad tranquila, no tan turística como la cercana Tánger. Sin embargo, creo que me voy a llevar una mala impresión de la misma, y todo por cierto aire enrarecido que se respira; y se palpa. No llevo muy bien las campañas de venta tan agresivas de los camellos de esta ciudad.

Voy caminando rumbo a la medina encalada de Tetuán. A mi lado, un “compadre”, que se me ha apegado y no se como quitármelo de encima. En el próximo cruce, recorte, y adiós y muy buenas. Que énfasis en decir que él no es de esos que luego esperan algo y bla bla bla. Por lo que entiendo que debe ser aún peor: venta al por menor y otras malas artes.

Por fin libre, y que casualidad que aparece otro “compadre” que me había quitado hace un rato. Y que casualidad, que va, y ahora, coincidimos en la dirección. Este me dice que somos como hermanos, que ha estado siete años en España, y que, porque lo trincharon y lo metieron en la cárcel, que sino, igual aún seguía. La culpa la debió tener cierta cantidad de droga en una bolsa de plástico, según me cuenta. Esto es el colmo, es la conversación más apropiada cuando uno ve como las calles principales dan paso a secundarias. En ello, aparece el amigo del “compadre”, que deben ir a comer juntos. La calle secundaria parece que da paso a un callejón… Stop. “Pero, a donde me llevas”, “no, que nosotros no somos de esos”. Guardando las distancias, el callejón se abre y ahí está la puerta de la medina. Creo que el “amigo” no escarmentó en el trullo y ahora se dedica a las mismas malas artes, nada más.

Tras algún encontronazo más, a uno se le quitan las ganas de recorrer las calles de la ciudad y busca la tranquilidad en la terraza de algún café.

Mañana, Tánger; fin del trayecto.




Post correspondiente a la serie "Marrakesh, la costa y rumbo al norte"
1. Primer día en Marrakesh
2. Hacia la costa: Essaouira
3. Callejeando por Fez
4. Chefchaouen: a los pies del Rif
5. Tetuán: entre las montañas del Rif y el mar
6. Tanger: fin del viaje

9 de julio de 2009

Chefchaouen: a los pies del Rif.

Chefchaouen


Chefchaouen se encuentra a 4 horas de Fez, enclavado entre las montañas del Rif. Según me comentan aquí, y debe ser dicho común, ya que lo he oído salir de varias bocas; capital mundial de la lana, el hachís, el agua fría y la tranquilidad. De la lana, puedo diferir, de todas formas, es importante su artesanía sobre telares, antes trabajaban la seda y ahora la lana; del hachís, algo habrá, porque estoy harto de decir que no fumo; del agua fría, no se, lo que es en verano, hace bastante calor; y de la tranquilidad, eso debió ser hace unos cuantos años, porque ahora la ciudad está llena de gente. Es verdad que ha coincidido estos días con un festival de música internacional, que tiene lugar todos los años en julio; el Alegría Chambia. Pero lo que es tranquila, seguro que lo fue.

Los colores de Chefchaouen son el blanco y el azul, en diferentes tonos, llegando al azul intenso en las bocacalles que terminan en la puerta del hogar. Son estos los colores que le dan personalidad a su merina y la diferencian de las del resto de Marruecos. Chefchaouen creció con la llegada de musulmanes y judíos expulsados de Granada. Este hecho es el que explica la influencia Andalusí de toda la medina; casas encaladas, diminutos balcones, tejas, patios…

Cae el sol sobre el horizonte. Los últimos rayos iluminan la Kasba –fortificación donde vivía la familia del gobernante y su guardia- de Chefchaouen. Conforme desaparece la luz sobre la plaza Uta el-Hammam, se pone fin a otro día.
Mañana Tetuán.




Post correspondiente a la serie "Marrakesh, la costa y rumbo al norte"
1. Primer día en Marrakesh
2. Hacia la costa: Essaouira
3. Callejeando por Fez
4. Chefchaouen: a los pies del Rif
5. Tetuán: entre las montañas del Rif y el mar
6. Tanger: fin del viaje

8 de julio de 2009

Callejeando por Fez

Cortidurías de Fez


10.45, Marrakesh. En unos minutos me encontraré rumbo al norte. A las 11.00 parte mi autobús rumbo a Fez. Toda la noche por delante para salvar el trecho que me separa de una de las ciudades imperiales, que se consideran el alma de Marruecos. Fue fundada poco después de la llegada de los ‘árabes a España y al norte de África, pero su boom se produjo cuando se asentaron familias que huían de Al Andalus y, mas tarde, familias del Oriente Árabe. Este compendio fue la base para su riqueza religiosa, cultural y arquitectónica, que la convirtieron en el centro cultural del imperio, contando con la universidad más antigua del mundo, la universidad Kairaouine.

He llegado junto con un coreano y nos hemos alojado en el mismo hostal. Ya asentados, toca sumergirse en las callejuelas de la medina de Fez, Fez El-Bali. En sus caóticas calles, chocan pasado y presente. Trazados milenarios en los que se enfrentan las oleadas de turistas a los numerosos burros, que cargados, no piden paso. Puestos de artesanías, que se han ido forjando con el paso de los siglos, frente a una tienda con aparatos electrónicos. Y, así, cientos de detalles. No se si es ya la experiencia de haber estado sumamente perdido por los zocos de Marrakesh, pero hasta soy capaz de orientarme, y hasta situarme en un plano. A cada paso descubro zocos escondidos, mezquitas invadidas por construcciones que surgen de la nada. A cada paso un lugar.

Giro a la derecha... parece que siguen dos calles muy similares. Mi intuición me dice que es a la izquierda, mejor pinta tiene. ‘Eduardo quédate con algún detalle para la vuelta...creo que será mejor que retroceda sobre mis pasos...por dónde sigo. Creo que me he vuelto a perder y las curtidurías no aparecen’

Fez es muy conocida por la calidad del su cuero. Se elabora según un proceso que poco ha cambiado en siglos, por no decir algún milenio, contando, aun hoy, con materias primas como excrementos de paloma, orina de vaca... Algo así se tiene que hacer notar, aun entre toda esta marabunta de calles.

Un puente salva un rió, que llega, literalmente, lleno de mierda. Esto me suena a que andamos cerca. Y ahí están, su olor las delatan. Las curtidurías. Aún, desde una azotea cercana, el olor es nauseabundo. Pozos con tintes y otros líquidos de dudosa procedencia. Cuál de ellos será la orina, y los excrementos... Espectáculo dantesco. Y pensar las condiciones tan precarias, insalubres...-pongan cualquier retahíla de adjetivos- en las que trabajan estas gentes. Y luego, todo ello directamente al río.

Ya poco queda para ver en Fez. Quizás su Mellah –barrio judío-. Quien sabe si por azar, o no tanto, doy con Hassan. Vive en el Mellah con su familia, su esposa Fátima y sus dos hijos. Insiste tanto, que acabo tomando un té en su casa, hasta cenando en su mesa. Todo parece desinteresado. Me comenta que es normal toda esa apertura y hospitalidad. Al final no resulto serlo tanto, lo que me deja cierto mal sabor de boca.

Mañana sigo el viaje; Chefchaouen.




Post correspondiente a la serie "Marrakesh, la costa y rumbo al norte"
1. Primer día en Marrakesh
2. Hacia la costa: Essaouira
3. Callejeando por Fez
4. Chefchaouen: a los pies del Rif
5. Tetuán: entre las montañas del Rif y el mar
6. Tanger: fin del viaje

6 de julio de 2009

Hacia la costa: Essaouira

Essaouira


Tras un segundo día en Marrakesh, ahora toca hacia la costa. Este segundo día lo destino a seguir intentando orientarme por los zocos –tenía que quitarme la espina clavada el día anterior-. Los zocos de Marrakech volvieron a poder conmigo. De todas formas, esta es la gracia de los mismos; la incertidumbre de lo desconocido, la aventura de descubrir un lugar a cada paso.

Temprano, dejo Marrakech, en tres horas estoy en Essaouira. Si en Marrakech nos recibe el denso calor, aquí el viento nos da la bienvenida, siendo exagerado a veces. Essaouira; ciudad costera, puerto comercial de larga trayectoria histórica, que durante siglos se han disputado franceses, portugueses y marroquíes, entre otros. Y es que, su situación la hacía estratégica en las rutas comerciales. Pero su historia no termina ahí; la tranquilidad que se respiraba atrajo a hippies en las décadas de los 60 y 70; Jimi Hendrix residió aquí, para hacernos una idea de lo que se cocía por aquí. Posteriormente, su influjo atractivo sedujo a artistas, escritores y artesanos. Hoy queda parte de ese encanto, pero disputado entre cientos de turistas que inundan Essaouira. Dicen que el turismo está cambiando a la gente de aquí, que ven como otros se reparten el pastel, mientras ellos ven difícil ganarse la vida, y se están dando a las drogas y el alcohol. Lo cierto es que ciertos detalles de ello se aprecian.

Entre un paseo por la medina; recorrido por las murallas, que desafían al mar, dando el toque francés a la ciudad; y un tranquilo caminar por la playa con el viento arreciando se hace el día. Mañana partiré de Essaouira rumbo al norte.




Post correspondiente a la serie "Marrakesh, la costa y rumbo al norte"
1. Primer día en Marrakesh
2. Hacia la costa: Essaouira
3. Callejeando por Fez
4. Chefchaouen: a los pies del Rif
5. Tetuán: entre las montañas del Rif y el mar
6. Tanger: fin del viaje

4 de julio de 2009

Primer dia en Marrakesh

Caminando por la medina de Marrakesh


Conforme desciende el avión, pasan sobre los ojos la aridez de la zona, para dar paso a los campos de cultivo, se empiezan a ver algunas construcciones, y algunas de ellas nada modestas, con su piscinas y todo. El avión toma tierra y con el primer pie en suelo marroquí, llega la bocanada de denso aire caliente; buena bienvenida. Para los no aclimatados al tiempo de estos lares, entre los que me encuentro, venir en otras fechas puede ser una opción.

Ya en el centro de Marrakesh, ahí esta Djema El-Fna, la famosa plaza de Marrakesh, declarada patrimonio oral e inmaterial de la humanidad por la UNESCO. Gente por doquier, motos y taxis que te pasan rozando, vendedores, encantadores de serpientes, adivinos, acróbatas... Según he leído, muchos de estos espectáculos tienen unos cuantos siglos de antigüedad, aunque parezcan aflorados de la mano del turismo, esta no es la realidad.

Me alojo en un riad, sin grandes comodidades, pero está en todo el centro de este bullicio. Parte de mi primer día lo gasto perdido por los zocos de Marrakesh. Y cuando digo perdido, es muy perdido. Calles serpenteantes, que retoman a su origen; callejuelas, recovecos, que se terminan y nos obligan a retroceder; puestos y más puestos. Todo semejante a ojos del extraño. Para los amantes de la orientación en itinerarios urbanos imposibles. También, para los que tengan más paciencia que el santo ese; a cada esquina un alma caritativa te tiende, o quiere tenderte, la mano y ofrecerte su ayuda; interesada, por cierto. Llegando a ser desesperante en algunos momentos el no saber como desprenderte de determinadas personas.

Cae la noche y la plaza Djema El-Fna es un hervidero. Actuaciones teatrales queriendo hacerse oír entre el gentío; puestos de comida con sus braseros, que inundan el ambiente con olores y su humo; gente por todas partes... Ahora empiezo a entender lo del patrimonio oral e intangible.

Tras una interesante conversación con unos españoles venidos de Ibiza, es hora de cerrar. Mañana espera otro intenso día.




Post correspondiente a la serie "Marrakesh, la costa y rumbo al norte"
1. Primer día en Marrakesh
2. Hacia la costa: Essaouira
3. Callejeando por Fez
4. Chefchaouen: a los pies del Rif
5. Tetuán: entre las montañas del Rif y el mar
6. Tanger: fin del viaje