27 de diciembre de 2009

Anuario particular: revisión posts 2009

Por Edu


Llega fin de año: se nos acaba este 2009 y entraremos con ilusión en un –esperemos- apasionante 2010. Que mejor momento para echar la mirada atrás en este camino que vamos recorriendo a golpe de post, entrada o como queráis llamarlo. Esta es la anual revisión del 2009.

Una mirada atrás: 2009 a golpe de post




marzo
De paseo por las Bardenas Reales
"Seguimos locos por incordiar"
Recorriendo trazos

abril
Recorriendo el pasado
Elbrus: la guía práctica del trotamundos

mayo
Kabardino-Balkaria y alrededores: corazón del Cáucaso...
Pyatigorsk: baño termal a la sombra del Cáucaso

junio
Flickr: explora el mundo a golpe de ratón

julio
Primer dia en Marrakesh
Hacia la costa: Essaouira
Callejeando por Fez
Chefchaouen: a los pies del Rif.
Tetuán: entre las montañas del Rif y el mar.
Tánger: fin del viaje
Marrakesh, la costa y rumbo al norte

agosto
La ardua tarea de preparar la mochila
Kaunas: primer dia en Lituania
El momento
El socialismo de Vilnius
La barroca Vilna
La colina de las cruces
De playeo a Palanga
Klaipeda y el Istmo de Curlandia
La resurgida Riga
La medieval Tallinn
"Bueno gente, esto se está empezando a acabar..."
Narva: a cuatro brazadas de Rusia
Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el m...
Helsinki: última parada
Periplo por los Países Bálticos

septiembre
London Express

octubre
Cara Norte al Midi d'Ossau: la vieja clásica

diciembre
Teide, el gigante rojo


 Ahora mirando hacia 
el futuro: ¿sugerencias?




21 de diciembre de 2009

Teide, el gigante rojo

Por Enrique


Teide, el gigante rojo.


El Teide o Echeyde en la lengua guanche, es el pico más alto de España con 3718m sobre el nivel del mar y cerca de 7000m desde el fondo del océano. Es Parque Nacional desde 1954, Patrimonio de la Humanidad desde 2007 y no en vano se le considera uno de los Doce Tesoros de España. Parecen ingredientes mas que suficientes para atraer cada año viajeros, montañeros, senderistas y turistas de todas partes del mundo.

El Teide da nombre a la isla de Tenerife. Para los benahoritas, los aborígenes de la isla, Tiner significaba blanco e Ife montaña, ya que la mayor parte del año la cima del Teide estaba cubierta por la nieve y podía ser vista desde muchos kilómetros a distancia. En tiempos lejanos debía ser fascinante viajar a la isla en barco y mucho antes de llegar ver la cima nevada de la montaña.

Creo que es esa magia de viajar a un pedacito de tierra en mitad del océano y en mi caso una “obsesión” por viajar a cualquier sitio donde haya una montaña lo que nos llevó este verano a las Canarias. Con la vista puesta en la isla de la Palma, comenzamos a planear el viaje, pero... cómo íbamos a pasar de largo Tenerife, cómo conformarse con ver desde el avión esa colosal pirámide de 4 km de altura. Así que, sin dudarlo, primer destino, Tenerife.

Ya en marcha, antes de que el avión tomase tierra, lo primero que te llama la atención son los enormes desniveles de la isla y cómo estos marcan el clima, nubes bajas estancadas en la ladera norte y sol al sur. Este primer día en la isla lo aprovecharíamos para descansar y hacer un poco de turismo, la isla lo merece. Al día siguiente teníamos reservadas dos plazas en el refugio Altavista para pasar la noche.





La ascensión al Teide está regulada y es necesario obtener un permiso para subir. Las opciones son dos: conseguir un permiso que te autoriza subir a la cima durante unas horas determinadas del día o pasar la noche en el refugio. Nosotros optamos por la segunda, en tal caso no es necesario conseguir el permiso, únicamente conservar el resguardo de pasar la noche en el refugio y subir y bajar antes de que empiecen los horarios de subida regulada. El punto de partida de la ascensión comienza en un pequeño aparcamiento un par de kilómetros más arriba de la base del teleférico. Durante la primera hora y media se avanza por una pista ancha y polvorienta y apenas se gana desnivel.




Poco a poco rodeamos la montaña y ante nuestros ojos aparecen los restos de una antigua erupción que se detuvo cerca de por donde ahora subimos.



En unas eses que hace la pista encontramos unas rocas redondeadas que nos llaman la atención, los Huevos del Teide. Por lo que explica un cartel, son rocas que bajaron rodando mas rápido que la lengua de lava y allí se detuvieron. Poco después termina la pista y comienza una senda muy marcada que, en fuerte ascenso, nos lleva al refugio Altavista. A nosotros nos costó 1 hora y media este tramo. El refugio está muy bien atendido y dispone de literas y mantas para dormir. El inconveniente es que en este sitio el agua potable es una utopía y la tienes que llevar o comprar embotellada a precio de oro. En verano el refugio suele estar completo y a todo el mundo le gusta madrugar para ver el amanecer desde la cima, de modo que el día siguiente se convierte en una peregrinación de frontales en la oscuridad. Nosotros llegamos con noche casi cerrada a la cima. Si el día esta claro, la sombra del Teide se extiende por el mar y en el horizonte se ve una figura negra como una pirámide que es la sombra del Teide. Nosotros no tuvimos la suerte de verla debido a la calima, aunque fue algo muy emotivo esperar a que el sol naciera desde el punto más alto de España, eso sí, casi nos quedamos congelados.



4 de octubre de 2009

Cara Norte al Midi d'Ossau: la vieja clásica

Midi D' ossau


A la extensa sombra que nos ha acompañado en esta aventura incierta, le sustituye un baño glorioso. Conforme salimos del dominio de la cara norte, los rayos se filtran a través del contorno de la pared. "¿Puedes imaginar cuando esta carrera sea ganada? Girando nuestras caras hacia el sol". No puedo quitarme esta melodía de la mente, una y otra vez vuelve. El confort del roce del astro rey sobre el cuerpo, que ya necesitaba salir del gris ambiente, y esa típica sonrisa de satisfacción. Esta vez sí, esta vez el Midi d'Ossau no nos da la espalda. Han sido algo más de 4 horas en las que hemos bailado de la mano de su incierto espíritu alpino. Hoy has sido benévolo. Atrás, más de 600 metros de incertidumbre, dudas, miedos, respeto, tensión; valentía, ilusión, pasión. Con los últimos metros de cuerda, ya llegan Oscar y Kike. Al fondo, a lo lejos, los diminutos pinos nos dan una idea de la dimensión de esta cara norte.

Parece que hoy va a salir todo redondo, con lo dados que somos a hacer de un paseo una aventura inolvidable, salpicada de "marrones varios". Y es, en estos momentos, cuando, al abrigo de la impactante estampa, te retomas a otros momentos, a esos, como solíamos llamarlos, "fracasos alpinísticos". Aún me recuerdo junto con Kike en la base de la Muralla de Pombie, cuando era más fuerte la ilusión que la cabeza y la pasión hacía cometer alguna que otra temeridad. Intentar las cuatro puntas sin material ni para unas aceptables reuniones, no acertando ni con el primer largo de la vía, y enmarronándonos de aquella manera, nos puso, sin duda, en su sitio. Aún pasan por mi cabeza la imagen de una cordada descendiendo por la vira que recorre la vertiginosa Muralla de Pombie, ante nuestra fracasada mirada. Pasaron los años; luego, hubo nuevas tentativas, no tan ambiciosas, pero tan poco fue benévolo con nuestro intento a las tres puntas, esta vez la nieve, el no saber donde empezar... Siempre quedaban objetivos, sueños de largas ascensiones por las inmensas pareces de la montaña. Un viaje a través de la cara norte del Midi era, sin duda, uno de ellos.

Puede ser por ello, que llegáramos respetuosos. Como que nos veíamos capaces de salir de la pared cuando el sol estuviera al caer. Pero ansiosos. Allí estaba la Brecha de los Austriacos, que por poco nos la pasamos y la liamos. Quien sabe por donde nos hubiéramos metido a la pared. Menos mal que los franceses, que llevamos por delante, nos han echado un cable. "Alea iacta est". Primeros metros y embarcada; había que haber sacado la cuerda, ¿no? Avanzamos lentos pero sin pausa, repisas, terrazas; adelante una chimenea, por ahí debe ser. Seguimos en nuestra marcha de izquierda a derecha por la pared. Llamativa brecha: la Brecha del gendarme. Continúan las repisas fáciles hasta la espalda noreste de la Punta de Francia. Ambiente sobrecogedor, con el pequeño pico al fondo. Allí se ve toda la vira del Embarradere; otra vez será, hoy tenemos otro camino. Apenas 200 m y saldremos de este angosto lugar. Se nota, se siente. La brecha de los dos Gendarmes. Tan solo queda la parte final.

Ya estamos en el último corredor, vamos encordados por este terreno incierto. Pasos mantenidos, movimientos lentos, seguros, constantes; fisurero aquí, vaga allí, esa grieta para el friend. Los metros van cayendo y, como todo, esto llega a su fin. El sol aparece. Ya hemos franqueado el dominio de la cara norte. Miro al fondo, al abismo, donde aparecen las cabezas de Oscar y Kike, que están saliendo de la pared y se empiezan a bañar en las aguas del astro rey. Esas sonrisas, de haber bailado al son del destino y haber ganado. "¿Puedes imaginar cuando esta carrera sea ganada? Girando nuestras caras hacia el sol". Claro que lo puedo imaginar.

IMGP4558

© Enrique López


IMGP4564
© del surtido de Kike

19 de septiembre de 2009

London Express

Han pasado ya semanas, pero la vuelta a la vorágine de la realidad, a uno le absorbe todo el tiempo. Me reclamaban la entrada de Londres: "y ya no escribes" "ehh, tíos, que esto no esta bañado por el Báltico, recuerdan" "eso se acabo, se acabo el viaje en Helsinki". Pero me guardé un “as” en la manga, aquí está el “London Express”.

Volvíamos de nuestro viaje por los Países Bálticos, terminaba ese periplo, pero antes de llegar a casa teníamos escala de una noche en Londres; unas horas valiosas para absorber la esencia londinense. García y yo ya habíamos pisado este suelo, pero Txanan aterrizaba por primera vez por estas calles. Así que, ya en el tren que nos llevaba al centro, desde el aeropuerto, le dábamos vueltas a que ver en este “London Express


18:30, Trafalgar Square. Aquí comienza esta visita relámpago a la ciudad, en lo alto el Almirante Nelson, desde su columna, preside la plaza. Recuerdo de como nos dieron por pelo a españoles y franceses, estos ingleses, en la batalla del mismo nombre. Así acabo la vida el almirante, sabiéndose vencedor, insignia y héroe de su país. Tampoco es un mal final.

Trafalgar Square


Nelson


Enfilamos Whitehall hacia la Parliament Square. Al fondo sobresale el “Big Ben”. Paradita en Downing Street, ¿qué tal va eso, "Prime Minister "?

19:30, Parliament Square. Fotos de rigor del "Big Ben", la Torre de San Esteban (St. Stephen's Tower) o la Torre del Reloj de Westminster –cuantos nombres-.

Big Ben

20:20
, Abadía Westminster. Visita relámpago alrededor de la abadía, y la luz empieza a caer... (Qué corta ha sido la tarde).
- Habrá que cruzar el Thames.
Ahí está el Puente de Westminster, al otro lado un Mcdonalds, y este estómago que empieza a dar guerra (seguiremos con la dieta sana).

London


21:38, Salimos del MacDonalds. Muy socorrido este MacMenú.

Buenas vistas


21:47
, Seguimos por la margen del Thames el típico recorrido de los puentes, aunque, dadas las horas, no habrá tiempo para eternizarnos en un paseo a pie. Ahí está la noria, London Eye.

lunares


22:10
, Waterloo Bridge. Estas horas y tan solo estamos a la altura del Puente Waterloo; cogeremos el metro. Waterloo Station, un pequeño atajo.

La espera


22:30, London Bridge Station.

23:05, Tower Bridge. A ver el típico puente de Londres. Y corriendo, de vuelta al metro.

Tower Bridge


23:30
, Tower Hill Station y rumbo a Picadilly Circus.

23:50, Picadilly Circus, al más estilo cosmopolita, con sus carteles publicitarios, sus luces; gente que viene y va, artistas, músicos; quien se para, quien sigue caminando impasible, otros sacándose fotos, otros que ya lo tienen muy visto y vuelven a casa del trabajo; y todos allí en un instante, en un momento común de sus vidas.

Picadilly Circus

24:30
, Leicenter Square. Volvemos a buscar el metro, para hacer algo más llevadera esta visita express a Londres. Gente corriendo escaleras abajo, pero que pasa, se ha vuelto todo el mundo loco. No, parece que nos han fallado los cálculos y se ha acabado el horario del tren. Nos hemos quedado en tierra de nadie... A patita al hostal.

Underground


24:45, Great Russel Street. Toca la cerveza de rigor, para acabar el día.

2:00, dulces sueños.



Al día siguiente, poco más, la visita obligada a Buckingham Palace. Por lo visto, obligada para mucha gente, que se agolpa para ver la pantomima esta del cambio de guardia. Somos como borregos. Empiezo a ver todo difuso.

Buckingham Palace


La última y camino de Stansted Airport. Goodbye London.

La última

18 de agosto de 2009

Periplo por los Países Bálticos

Peripo por los Países Bálticos


El avión avanza sobre el Mar del Norte, atrás quedó el Mar Báltico, que tanto nos ha acompañado en las últimas dos semanas, y que tanto recordaremos.

Lituania, Letonia y Estonia, ex repúblicas de la hoz y el martillo, que abrazaron a Europa, y parece que no les está yendo nada mal. Puede ser, que hace unos años no estuvieran tan europeizadas, y durante el dominio soviético, que vamos a pensar; pero, aún hoy, tienen sus rasgos, propios de la historia turbulenta que les ha deparado el destino, y merece la pena conocerlos antes de que se extingan. Les tocó de lleno la Segunda Guerra Mundial, y sus ciudades tuvieron que resurgir de los escombros; sus gentes, renacer.

Recorriendo Lituania: de la mafiosa Kaunas a la barroca Vilna; luego, rumbo a la costa, pasando por la inquietante Colina de las Cruces. La bulliciosa y masificada Palanga, la insípida Klaipeda y el curioso Istmo de Curlandia.

Rumbo a Letonia: la resurgida Riga, y esa alma que atrapa.

Levando anclas y dirección norte, Estonia: la medieval Tallin y el Viejo Tomás; la rusa, aunque en Estonia, Narva; el declive del complejo vacacional de Narva-Joessu, y su lado fascinante; los bosques sobre el mar en el Parque Nacional de Lahemaa.

Cruzamos el Báltico y última parada de este tren: Helsinki.

Esto se acabó, el avión ha comenzado a descender, ya se ve Londres a lo lejos. Será una pequeña escala para llegar a casa.


1. Kaunas: primer día en Lituania

2. El momento (by García)

3. La barroca Vilna

4. El socialismo de Vilnius (by García)

5. La Colina de las Cruces

6. De playeo a Palanga

7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia

8. La resurgida Riga

9. La medieval Tallinn

10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...” (by García)

11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia

12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar

13. Helsinki: última parada

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17 de agosto de 2009

Helsinki: última parada

El capitán informa que el ferry está entrando en el puerto de Helsinki. Dos horas escasas nos ha costado cruzar el Mar Báltico, de Estonia a Finlandia, en la comodidad de esta mini ciudad flotante. Atrás quedaron los ajetreos de Tallin, cuando un mensaje de texto nos informó que nuestro barco había cancelado el viaje. En principio, coger otro barco, retrasaba nuestra llegada a Helsinki; por otra parte, no teníamos reservado ningún lugar donde dormir, y todo parecía bastante ocupado. Mala pinta, inoportunos problemas del directo. Al final, todo sobre ruedas: barco con mismo horario y alojamiento.

No tenemos mucho tiempo para ver la ciudad, aunque, según lo que nos han comentado, con poco basta. Eso nos constatan un grupo de bilbaínos, con los que bajamos del ferry, aunque bien parece que estos solo han visitado la ciudad de noche.

Recorremos un par de calles, bien cosmopolitas. Nos acercamos al corazón de Helsinki; al fondo, la Catedral Uspenski; abajo, el puerto, que parece llegar hasta el mismo centro de la ciudad; al lado, la plaza del mercado. Raíles de tranvías por los suelos adoquinados, carriles de bicis en cada calle, barcos fondeando en el puerto. Un poco más allá, la Plaza del Senado, con unas escalinatas que llevan a la Catedral de Helsinki, en lo alto.

Helsinki


Terminamos nuestro día en Helsinki en un bar, con su concierto. Jóvenes, con sus uniformes de almirantes, marineros, o lo que sea, parece que van a terminar con la cerveza del local. Que imagen más peliculera.

Mañana cogeremos el vuelo de vuelta a casa, con parada en Londres. Esto se acaba.


Post correspondiente a la serie "Periplo por los Países Bálticos

1. Kaunas: primer día en Lituania
2. El momento
3. La barroca Vilna
4. El socialismo de Vilnius
5. La Colina de las Cruces
6. De playeo a Palanga
7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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16 de agosto de 2009

Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar

La tormenta arrecia sobre la península de Juminda. Una pista nos ha llevado hasta este extremo de tierra, donde un faro sobresale entre los pinos, a escaso trecho del agua. Toda la zona pertenece al Parque Nacional de Lahemaa; el más antiguo y extenso de Estonia. Costa, lagos, ríos, ciénagas se combinan para sobrecoger.

Parque Nacional de Lahemaa


Los bosques de pinos compiten junto al mar por la tierra, llegando estos hasta las mismas aguas de la Bahía de Kasmu. Los rayos del atardecer se filtran entre los troncos de los árboles, alguna mole de roca destaca en la estampa; son “errantes”, rocas arrastradas por los glaciares desde Escandinavia en otra época. Un sendero nos permite recorrer la zona, y el tiempo parece que ha aguantado.

Sin embargo, ahora, las cuatro gotas que caían sobre la península de Juminda, han empezado a arreciar, empiezan a mojar, a calar. Las zancadas que pegamos no evitan que nos estemos empapando y aún queda por llegar al coche. El día se ha vuelto gris, quizás este sea el ambiente que tenía la zona en un pasado. Uno puede remontarse; en la Bahía de Kasmu fondea buena parte de la flota de la república, la zona está ocupada militarmente, toda la costa se encuentra recorrida por una alambrada de espino, minas protegen los puntos estratégicos. Sobre el mundo cabalga el fantasma de la Segunda Guerra Mundial.

Ahora, los tiempos han cambiado. Al fondo, un monumento conmemora la memoria de miles de civiles que fueron asesinados en la guerra, por las minas y barcos alemanes, cuando intentaban huir del país en 1941. Una piedra central grabada, rodeada de las minas que tanto sufrimiento causaron. El fuerte viento crea torbellinos de agua alrededor de las rocas de la costa y las minas del monumento, el mar ruge. Buen momento para salir “pitando”, todos al coche y tira millas, a Tallinn. Saludaremos de nuevo al Viejo Tomás.



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2. El momento
3. La barroca Vilna
4. El socialismo de Vilnius
5. La Colina de las Cruces
6. De playeo a Palanga
7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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15 de agosto de 2009

Narva: a cuatro brazadas de Rusia

Cambiamos de medio de transporte, para ganar en libertad. La idea es recorrer la costa norte de Estonia, en nuestro recién alquilado Clio, hasta Narva, frontera con Rusia. Ponemos el piloto automático y en unas horas estaremos en destino. Esto era broma, pero bien podía ser en alguna de las rectas interminables que hay por aquí.

Narva


Un río separa la ciudad más oriental de Estonia, Narva, de Ivangorod, ya en Rusia. En cada orilla, un castillo fortificado desafía, a la corta distancia del estrecho río Narva. La ciudad aún conserva su estatua de Lenin y muchas de las indicaciones las veo en ruso. Parece el último reducto ruso en suelo de Estonia. Me pregunto, hacia el 91, como habría afectado la frontera que nacía en el río. Familiares, amigos o conocidos, que, de un plumazo, pasaban a tener otra nacionalidad, eran extranjeros por vivir en la otra orilla.

Al norte de Narva se encuentra Narva-Joessu; un centro vacacional que a partir del s.XIX tuvo su esplendor y que, actualmente, se encuentra en decadencia. Casas desperdigadas, edificios abandonados. Se oye el sonido de un chiringuito, que intenta dar un poco de vida al lugar, sin mucho éxito. Pero que pasa, que es sábado.

Atardecer sobre el Báltico


Se respira calma, a pesar del viento que se levanta, frío aire que penetra por nuestros abrigos. La playa está desierta. En la lejanía, el sol se abraza al horizonte, los rojizos halos de luz se difunden por las aguas del Báltico, vistiéndolas de color y brillo. Al fondo de la playa, unas luces nos muestran otro chiringuito. Buen lugar para cenar. Una chica nos atiende. La carta en ruso, ella no habla inglés. Sonrío, creo que al fin vamos a ver la otra Estonia. Dispuesto, como en otras ocasiones, a confiar en la intuición, cojo la carta, pero me acercan otra, está en inglés. Que pena, iba a ser interesante.



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1. Kaunas: primer día en Lituania
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3. La barroca Vilna
4. El socialismo de Vilnius
5. La Colina de las Cruces
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8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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"Bueno gente, esto se está empezando a acabar..."

BY JAVIER GARCIA
(García nos deleita, una vez mas, con sabias palabras)

El concierto está llegando al final y el público es consciente de ello. Robe coge el micro y grita: "bueno gente, esto se está empezando a acabar... pero todavía no se ha acabado del todo". En esas estamos, una canción llega al fin en Narva-Joessu, sonará otra en el Parque Natural de Lahemaa, y por último los bises en Helsinki y Londres. Ya hemos perdido a uno de los integrantes del viaje, que a estas horas, probablemente, esté disfrutando de la noche zaragozana. La marcha de este individuo, cuatro días antes que el resto, ha provocado que el grupo se replantee la ruta a seguir. En un principio, los itinerarios comunes por estos tres países, y dos semanas de duración, apuntan a recorrer toda la costa oeste de los Países Bálticos, hasta llegar al Cabo de Kolka, el cual separa las aguas bálticas de las del Golfo de Riga. Sin embargo, decidimos abandonar el suroeste de la costa en dirección a Riga por el interior y, tras visitarlo, rumbo a Tallinn. Cuatro días intensos por dos ciudades con ciertas similitudes; cascos antiguos adoquinados, coloridos edificios y el retumbar de las guerras, que se hace eco al pasear por sus calles y en gran cantidad de museos. Dos ciudades que bien merece la pena visitar. Ha destacar el concurrido mercado de Riga y el ambiente medieval que transmites las estrechas y decoradas calles de Tallinn.

Ya sin Galdeano, cambiamos de medio de transporte. El Renault Clio se hace más pequeño que los autobuses que cogíamos hasta ahora, y nos acerca hasta Narva-Joessu, recorriendo la costa norte hasta chocar con Rusia. La mayoría del trayecto se lo traga Txanan, pues a Edu y a mí nos costó un poco más encontrar, la noche anterior, el camino al albergue. Entre cabezada y cabezada, la misma recta en la misma llanura. Ser ingeniero de Carreteras y Caminos en estos tres países no tiene que tener mucho misterio: coges la ciudad A, luego, la ciudad B, con la que la quieres unir, y haces una recta. Tarea terminada. Los túneles y curvas quedan para los que vayan a trabajar en el extranjero, por lo que no entran en examen.

Narva-Joessu me transmite unas agradables sensaciones. Lugar ex-turístico, que conserva muy bien cuidada su boscosa playa y que invita a pensar como transcurrirá aquí el crudo invierno, en estos solitarios y semiabandonados parajes.

Es hora de dormir. Ya escucho la canción que sonará mañana: "quisiera que mi voz fuera tan fuerte, que a veces retumbaran las montañas..."



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7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
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12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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La medieval Tallinn

Puerto de Tallinn


Llegados de Riga en autobús, arribamos a un Nuevo Puerto: Tallinn; tercera capital báltica para el zurrón. Ahora, con las tres, uno aprecia las diferencias: la barroca Vilna, la resurgida Riga del art noveau y la medieval Tallinn. Medieval por excelencia: ciudad amurallada, calles adoquinadas, edificios de antaño…

Cuenta la leyenda que, todas las primaveras, los nobles ponían a prueba su pericia y gallardía como arqueros, intentando derribar un papagayo de madera de un alto poste. Ese año el concurso iba a quedar desierto, pero, de entre la multitud, un joven de familia humilde logró acertar en la diana. Se suponían problemas como castigo a su osadía, pero, sin embargo, la realidad fue otra: fue hecho guarda aprendiz, luego, sirvió como soldado hasta viejo, y fue héroe en la guerra de Libonia. Mucho tiempo después, los habitantes empezaron a decir que el soldado de espeso bigote que, como veleta, coronaba la torre del ayuntamiento se parecía a su querido héroe, y empezaron a llamarle Vana Toomas, -Viejo Tomás-, siendo, en la actualidad, el símbolo de la ciudad.

Tallinn, plaza del ayuntamiento


Caminando por la plaza, uno se puede remontar al pasado. El ayuntamiento con su alta torre preside el concurso, alrededor, las casas mercantiles completan la estampa medieval. Los nobles suben pavoneándose a probar suerte, viéndose esquiva. El griterío de la multitud se desvanece con cada intento fallido. De repente, una flecha sale de no se sabe donde y surca el cielo hasta derribar el papagayo de madera. El desconcierto inicial da paso a una ferviente ovación al conocer al artífice; era uno de ellos.

Han sido dos días visitando la ciudad, recorriendo sus coloridas calles, empapándonos del alma medieval. No podíamos poner fin a la estancia de Tallinn sin sumergirnos en su noche, pura curiosidad antropológica, ya saben. Ahora levamos anclas rumbo a otro puerto: Galdeano vuelve a casa y el resto del grupo sigue su periplo por la costa norte de Estonia. Adiós Viejo Tomás.



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7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
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13 de agosto de 2009

La resurgida Riga

Como está siendo norma en este viaje, aprovecho los aburridos ratos de autobús para dedicarme al arte de las letras y plasmar en unas líneas, lo que, más tarde, pueda llevarse el olvido. El autobús avanza camino de Tallinn, atrás ha quedado la frontera letona, y, a estas alturas, avanzamos, a muy buena marcha, por suelo de Estonia. Buen momento para hacer balance de lo que han dado de sí los dos últimos días en Riga.

La capital letona se encuentra en la llanura del río Dangava. Desde que, hacía siglos, comerciantes e invasores escandinavos usaban el pueblo pesquero de Latgal, situado donde hoy en día se halla Riga, la historia no ha sido piadosa con esta ciudad. Conforme la misma iba pasando de mano en mano: alemanes, suecos, rusos, de vuelta alemanes, rusos; sus edificios se desmoronaban por las contiendas y volvían a resurgir de entre las ruinas. Choca, el hecho, que algunos de los edificios emblemáticos de la ciudad, como la Casa de las Cabezas Negras, hayan sido recientemente reconstruidos desde los cimientos, y cuentan con escasos años de antigüedad.

Riga


Dos días en esta ciudad han dado como para empaparse de su ajetreada historia, magnífico casco antiguo y bullicio cosmopolita. Perderse por sus coloridas calles y callejuelas, contemplar la ciudad desde el imponente chapitel de la Iglesia de San Pedro, visitar los museos de la guerra y de la ocupación, y constatar la historia tan trágica que ha vivido el pueblo letón; observar las líneas tan soviéticas que tiene la estatua de los fusileros, preguntarse si esto o aquello es a lo que se refieren como art noveau de Riga, alzar la vista sobre el Monumento a la Libertad, echar unas cervezas con la compañía de los zaragozanos que habían venido a la boda de un amigo y un etc, etc, que hacen que me vaya con muy buen sabor de boca.

La última señal marcaba 120 km a Tallinn, próxima parada. El autobús sigue su marcha y yo cierro estas líneas, leeremos algo del nuevo destino.



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5. La Colina de las Cruces
6. De playeo a Palanga
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8. La resurgida Riga
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10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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10 de agosto de 2009

Klaipeda y el Istmo de Curlandia

A pocos kilómetros al sur de Palanga, se encuentra Klaipeda; tercera ciudad de Lituania, que antaño fue la capital de Prusia, como Menel. Posteriormente, ciudad portuaria utilizada en la Segunda Guerra Mundial como base marina de submarinos. En otro orden de cosas, es la entrada al Istmo de Curlandia; lengua de arena de 40 km de longitud, que une Klaipeda con Kaliningrado, en Rusia, con pequeños pueblos como Joudkrante o Nida, en el extremo de esta parte de Lituania, a 3 km de la frontera.

Aquí, hemos encontrado un hotel que no tiene desperdicio, Hotel Viktorija. A este edificio, hoy destartalado, de pasillos tenebrosos, suelos entarimados que resuenan a cada paso, aún se le supone un pasado que bien seguro fue distinto al que tiene en la actualidad. Hoy puede ser el escenario perfecto para una película de terror, sin embargo mi imaginación me lleva a un pasado en el que altos mandos se hospedarían en un lujoso hotel, con suelos de brillante entarimado e instalaciones a la última.

Klaipeda


El primer día en Klaipeda lo pasamos viendo lo poco que tiene la ciudad: la plaza principal, con una fuente central y su estatua y el balcón desde donde celebró Hitler la anexión de Menel a Alemania; y las “ruinas de las ruinas” de un castillo, hoy en día, sin ningún valor.

Al día siguiente, a cruzar en ferry la escasa franja de agua que separa Klaipeda del Istmo, a visitar toda la lengua de arena que discurre hasta Rusia y comprobar que en la actualidad de salvaje le queda poco.

El día dio bastante de si; la colina de las brujas, en Joudkrante, con su bosque de pinos lleno de esculturas de diablos, brujas, gnomos, dragones monstruos varios; la visita a Nida, con una pequeña incursión a sus dunas. Hasta encontramos una pequeña mini colina de las cruces. También había que pisar la arenas de la playa y bañarse en el Báltico.

Istmo de Curlandia


Ahora cambiamos la playa por la ciudad. El autobús avanza rumbo a Riga, ya en suelo letón, en pocas horas estaremos en la capital de Letonia.



Post correspondiente a la serie "Periplo por los Países Bálticos

1. Kaunas: primer día en Lituania
2. El momento
3. La barroca Vilna
4. El socialismo de Vilnius
5. La Colina de las Cruces
6. De playeo a Palanga
7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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8 de agosto de 2009

De playeo a Palanga

El día ya está llegando a su fin, cuando llegamos a Palanga. No íbamos a dejar de visitar el lugar, la guía tiene la culpa: “fiesta loca en Palanga: beber y bailar toda la noche y admirar luego el amanecer desde el muelle”. Como borreguitos.

A día pasado, puedo pensar: llegar a esas horas sin alojamiento puede no ser lo más oportuno; pero, en su momento, cuando ya nos veíamos durmiendo en la playa y aparecía la sonrisa de impotencia, tras cada hotel, casa, hostal... que nos cerraba la puerta por “lleno”, “lleno”..., los pensamientos eran más sangrantes.

“Chavales, yo me rindo, no hay donde dormir, a la playa”, nos decía un americano, que ya había desistido. Pero la cabezonería navarra tenía que dar sus frutos: un taxista que te lleva a otro, que te manda a una esquina de la calle, donde suelen ofrecer habitaciones. Y así, encontramos nuestra preciada habitación in extremis.

Palanga es una ciudad muy turística, centro vacacional con playas llenas de gente, calles abarrotadas. La masificación playera, que bien conocemos. Muchas cosas de estas, creo que no las decía la guía.

Por cierto, si terminamos en una discoteca toda la noche, aunque no admiramos luego el amanecer desde el largo muelle de la playa.



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1. Kaunas: primer día en Lituania
2. El momento
3. La barroca Vilna
4. El socialismo de Vilnius
5. La Colina de las Cruces
6. De playeo a Palanga
7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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La colina de las cruces

Llegamos al fin a Siauliai, tras cuatro horas desde Vilna. Tiempo justo para visitar la colina de las cruces y echar a correr camino de Palanga. Un taxi nos acerca al lugar.

Colina de las Cruces


Un sinfín de cruces, agolpadas, entrelazadas en una estampa que asciende colina arriba. Cruces sobre cruces, adornos, rosarios..., todo enmarañado, crean una imagen impactante del lugar. ¿Quién pondría la primera cruz? Puede ser la pregunta, o ¿por qué? Como suele ocurrir en estos casos, la leyenda suele sumarse a la realidad, para poner el alo místico. Al margen de elucubraciones varias, por aquí leo, que por el siglo XIV aparecieron las primeras cruces para expresar el sufrimiento del pueblo, entonces bajo el yugo de los zares rusos. A estas cruces se fueron sumando otras y el campo fue creciendo, a pesar que en varias ocasiones fue destruido. La cruz pasó a considerarse un símbolo de resistencia a la opresión soviética, perdió su simbolismo religioso para incluirse dentro de la simbología pagana.



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2. El momento
3. La barroca Vilna
4. El socialismo de Vilnius
5. La Colina de las Cruces
6. De playeo a Palanga
7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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La barroca Vilna

El traqueteo monótono del destartalado autobús que nos lleva, crea un ambiente somnoliento, que ya ha empezado a hacer mella en el grupo. Miro hacia atrás, dos cabezas ladeadas, Galdeano y García, que no han podido resistir el influjo hechicero. Al lado, Txanan sonríe, como queriendo decir “yo resisto aún”.

Nos vamos alejando de Vilna. Me llevo la impresión que un par de días para visitar la zona pueden no haber sido suficientes. Pero, ¿qué es suficiente?; estamos alargando el trazo sobre esta Región Báltica, rescatando experiencias y momentos, perdidos en el azar, que delicadamente guardaremos en el baúl de los recuerdos. Seguimos pescando en el camino, eso es lo que cuenta.

Han sido un par de tardes-noches respirando el aire de Vilna, esa alma que dicen tiene la ciudad. Y una mañana larga en Trakai; pueblo cercano a Vilna, a orillas de un lago. Un castillo, al modo de los de hadas, con sus reflejos rojizos sobre las aguas, da el encanto al lugar. Tan de hadas que todas las novias de la región quieren hacer aquí sus reportajes fotográficos, y están las orillas del lago llenas de mujeres de blanco seguidas del novio, fotógrafo y séquito de familiares y amigos.

Trakai


Vilna es la capital de Lituania. Entre sus calles se encuentra el casco antiguo barroco más destacado de Europa. Sus calles cautivan: edificios destacados por doquier; colores, tonos diferentes en cada pared; suelos adoquinados, iglesias a cada esquina; y un cierto aire bohemio, que se respira y se observa en detalles que salpican sus calles.

Tallinn


Al lado de la colina de Guedimín, tres cruces contemplan como el sol cae sobre el horizonte. Los últimos rayos van difuminándose, las últimas sombras vespertinas de los edificios van desapareciendo y Vilna va dando la bienvenida a la noche. Abajo, las cúpulas de las iglesias católicas y ortodoxas asoman por encima de la línea de la ciudad, un edificio soviético destaca en el horizonte y el extenso cúmulo de edificios de la ciudad van desapareciendo en la oscuridad. Buena forma de cerrar nuestra visita a la ciudad.

Miraremos hacia adelante. Siguiente parada: Siauliai y su colina de las cruces. Ahora, sigue el traqueteo del autobús, me ha empezado a dar el sol y me están empezando a pesar los párpados. Atrás, ya no queda nadie despierto, y yo, creo, que me rindo al influjo hechicero.



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2. El momento
3. La barroca Vilna
4. El socialismo de Vilnius
5. La Colina de las Cruces
6. De playeo a Palanga
7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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El socialismo de Vilnius

BY JAVIER GARCIA
(García nos deleita con nuevas palabras)


Abandonamos Vilnius con un buen sabor de boca. El aspecto de las calles y edificios es bastante más agradable que las viejas aceras de Kaunas. El conjunto barroco, del que habla la guía, debe hacer referencia a la variedad de colorido y gran número de decoraciones de los edificios.

Visitamos los puentes de los candados, entre los cuales se encuentra el bohemio barrio de los artistas. Curiosa la tradición de los matrimonios lituanos, que cerrando un candado en la barandilla de un puente y deshaciéndose de la llave, intentan que el matrimonio dure para siempre. Pero la realidad aplasta a la ilusión y el 54 % de los candados ya no cumplen con su función.

Bonita catedral, buenas vistas contemplando el atardecer lleno de mosquitos desde la colina de las tres “reconstruidas” cruces e impresionante el reconstruido castillo de Trakai. Aquí la mayoría de las cosas se construyen y se reconstruyen a consecuencia del zarandeo del país entre la derecha nazi y la izquierda soviética.

Dos pequeñas espinas me llevo clavadas al dejar atrás esta ciudad. Una, madrugando un poco más, podríamos sacarle más partido al viaje; y la otra, bastante mayor, no haber visto la iglesia de ensueño, con verdes cúpulas, que pudimos observar desde el mirador. Edificio ortodoxo del que espero ver alguno de sus hermanos, en siguientes ciudades que tenemos pendientes.

Pero mejor recuerdo que la ciudad en sí, me deja la parte social de estas dos jornadas. Será difícil, que el destino siga ofreciéndonos todos los días gente con la que compartir las cervezas de final de jornada. Nos acordaremos de la raspada de viaje que llevaban Irache y Nekane, y de cuantas estrellas se tuvieron que juntar para que, al doblar la esquina que nos dejaba en la calle principal de Vilnius, nos encontráramos de bruces con un ciudadano estellés y su novia. “Hombre Imanol, ¡la ostia! Qué tal os va por aquí, ¿vamos a la catedral? ¿O qué?, ¿Y a las cruces? Habrá que cenar algo, ¿no? ¿Echamos una cerveza de postre?” “Si, hombre, si”. Y tras la visita nocturna de todos los estelleses al rostro de Fran Zappa, la despedida. Tal vez nos volvamos a juntar. Como diría Axier:
”igual si, igual no”.

Por último, intentaremos que nuestro nuevo amigo polaco, íntimo de Jan Urban y extécnico del Lieja de Varsovia, no quede en el olvido y nos acordemos de él, cuando Txanan reciba su libro.

Por todo ello, me quedo con la parte social de la que hablaba; el socialismo de Vilnius.



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2. El momento
3. La barroca Vilna
4. El socialismo de Vilnius
5. La Colina de las Cruces
6. De playeo a Palanga
7. Klaipeda y el Istmo de Curlandia
8. La resurgida Riga
9. La medieval Tallinn
10. “Bueno gente, esto se está empezando a acabar...”
11. Narva: a cuatro brazadas de Rusia
12. Parque Nacional de Lahemaa: los bosques sobre el mar
13. Helsinki: última parada

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