17 de agosto de 2008

Vuelta a casa


El avión avanza, y cada vez estoy más cerca de casa. Es en estos momentos cuando uno siente sensaciones contradictorias. Como explicarlo. Por una parte, muchas ganas de llegar a casa; y por otra, cierta melancolía hacia todos aquellos momentos que han ido hilvanando el viaje. Se recuerda lejano el primer día de viaje, sentados en Tyrnyauz, en unas gradas, y sin las ideas muy claras al tanto de que nos depararía el viaje. Pero, como todo lo que empieza, también llega a su fin. Y han sido muchos momentos: los primeros días subiendo el Elbrus; los interminables dentro de la tienda, sin poder, tan siquiera, salir a dar una vuelta; el intento fallido de ataque a la cima; el que nos salió bien, con su cumbre; el mal tiempo de todos estos días; la estancia por el valle de Jantugan, el paso por ciudades como Tyrnyauz, Nal´chik, Pyatigorsk; el viaje en tren a Moscú, los días por la capital. Y sobre todo, la gente que hemos ido conociendo durante el viaje: subiendo al Elbruz, en Jantugan, en Moscú, … Son recuerdos de un viaje que llega a su fin.
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