12 de agosto de 2008

Camino de Moscu en tren


Ayer, al coger el tren, arrancaba la traca final del viaje. Era un adiós al Cáucaso y una bienvenida a otra Rusia: Moscú, su emblema internacional -Buen momento para dejar esta zona, que ha pasado a ser un polvorín en los últimos días-. No pude sino sentir cierto alivio por continuar el viaje y dejar atrás unos días que habían sido de puro transito. Quedaban por delante 26 horas en las vías camino de Moscú.

Son horas en las que uno busca entretenimientos para pasar de la mejor manera la estancia en el tren, ocupaciones que le mantengan a uno alejado de las horas interminable. Libros, dibujos, conversaciones, alguna partida al ajedrez. Hasta escribir estas líneas le hacen a uno más llevaderas las horas.

Y entretando, se han ido consumiendo entre mis manos las últimas hojas del libro, racionando de manera cuidadosa cada capítulo. Pero el libro del viaje ha llegado a su fin, y esto puede tener otras lecturas; ya hace tiempo que empezó la cuenta atrás, el punto de inflexión en el que pasamos de contar los días que llevamos a contar los que nos restan para la vuelta. Y es que en Moscu termina nuestro viaje. Aún así, 4 días en esta ciudad van a se todo un mundo.
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